«Unos kilitos menos no estarían mal». Andrea Casales, Ariane Muñoz y Sheila Alejo comparten algo más que su amistad: la preocupación por su aspecto físico. A sus 16 años, estas bilbaínas reducen la belleza a la talla de su pantalón. «Me sobra mucho», dice una. «Me gustaría tener menos tripa», comenta la otra. El problema no radica en ellas, sino en «cómo piensa la gente. Te salen unos pocos michelines y te llaman gorda».
A su edad ya saben lo que es privarse de algún alimento, como «el pan y las chucherías», confiesa Sheila. Sin embargo, ninguna ha llevado a cabo dietas estrictas. Se limitan a «cambiar algunos hábitos», explica Andrea. Al preguntarles cómo se ven, lo tienen claro: «normalitas, del montón».
Ellas no son las únicas. EL CORREO ha salido a la calle para comprobar que los datos extraídos del estudio del Observatorio de la Juventud del Gobierno vasco sobre 'Salud y juventud' tienen su traslación en la calle. Pero con algún que otro matiz.
Más ejercicio
El peso resulta ser el factor más examinado. «Complejos siempre existen y hay que cuidarse. Por eso trato de vigilar un poco mi línea, pero no me obsesiona», afirma la guipuzcoana Amaia Goikoetxea, de 19 años. «Estoy contenta con mi peso, aunque intento controlar lo que como», dice Leire Zubeldia, de 21. Los 'cuerpos diez' que se muestran por televisión y en el cine son «los culpables» de esta percepción errónea, según el barakaldés Manuel García, a punto de entrar en la treintena. En su caso, reconoce estar un poco pasado de talla, pero si un día se excede en la mesa «tampoco hay remordimiento». En su opinión, la obsesión por la báscula «es una cosa más propia de mujeres».
Todos los consultados tienen algo en común: conceden mucha importancia a gozar de buena salud, un concepto que vinculan al ejercicio diario. «La verdad es que podría mejorar de forma física, porque me canso con facilidad», admite Sheila. A su amiga Andrea le pasa lo mismo. «Tengo que mejorar, porque soy poco flexible». La solución la aporta la veinteañera Jone Otxoa. «Más costumbre de andar, ir al monte... ¿Lo notas en el día a día!», clama.
Ya sea gracias a estos hábitos o por su juventud, las consultas médicas no forman parte de su paisaje cotidiano. «No sé cuándo he ido la última vez», comenta Igotz Alkorta, de 22 años. Todos confían en el sistema sanitario público para solucionar sus problemas. «Aunque deberían ofrecer mejor información sobre sexualidad», reclama Ariane. «Se ha adelantado en cuanto a tecnologías, pero hay más desorden, listas de espera... Siempre se puede mejorar», manifesta Eneritz Urkiola, de 19 años.
Contentos con su vida
A sus 25 años, a Gustavo Iñiguez la vida le sonríe. «No me quejo de nada». Tampoco necesita mucho. Le basta con «tener trabajo y estar bien con uno mismo. No hacer las cosas por presión y saber dónde están tus propios límites». Una filosofía que practica también Manuel, aunque su percepción mejoraría si pudiera dejar la casa de sus padres. A Ariane y sus amigas también les van bien las cosas, pero les gustaría «rendir más en los estudios».
Las amistades son muy valoradas entre los jóvenes, porque compartes «las penas y las alegrías», dice Sheila. Pero lo más importante es «aceptarse uno mismo y valorar todo lo que te rodea».