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Miércoles, 21 de junio de 2006
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OPINIÓN
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Orina
Los meones están de suerte. Unos científicos del Instituto de Bioingeniería y Nanotecnología de Singapur han inventado una batería del tamaño de una tarjeta de crédito que funciona con pis. Según han comentado, este mecanismo «es una perfecta y barata fuente de energía».

Esto supone, sin ninguna duda, el principio del fin para los países productores de petróleo. Se acabó nuestra dependencia del oro negro; muy pronto acudiremos a las gasolineras a cobrar, en vez de a pagar. O a pagar por el combustible que hemos cargado, y también a cobrar por la orina que depositemos. Ya veo en las estaciones de servicio largas hileras de mingitorios, cada uno con su respectivo contador. Suponiendo que el pis no vaya directamente de los riñones al depósito de un coche, a través de una femenina goma o del pirulo.

Siempre hemos pensado que el pis no vale para nada, y tenemos la mala costumbre de echarlo al váter y tirar de la cadena. Hemos de tener presente, sin embargo, que además de proporcionarnos energía, el pis constituye un valiosísimo elixir al alcance de todos los bolsillos. La medicina natural ha recurrido a la orina desde la Antigüedad, y aunque los entendidos advierten que cualquier tratamiento puede fallar, la orina es una vacuna que todos llevamos dentro, y bebérsela combate la alopecia, purifica el organismo, lo cura casi todo.

La orina es muy beneficiosa para nosotros, y yo estoy convencido de que en el futuro le hallaremos nuevas utilidades. Puede que dentro de poco, muchas guapas de Hollywood no cuiden su figura con baños de leche, sino con baños de orina. Y bucearán si la bañera se lo permite. Y se harán aguadillas a sí mismas. Y beberán buenos tragos de pis. Con el tiempo nos daremos cuenta del gran error que cometió el actor y cantante norteamericano Dean Martin, que, según confesó, soñaba con bañarse en una piscina de whisky.

Está claro que muy pronto no tiraremos el pis; nos lo beberemos y lo aprovecharemos para crear energía. Qué duda cabe de que algunos retrógrados harán oídos sordos al progreso y a la medicina natural, pero el petróleo se agota, nuestra salud lo demanda, y un orinal lleno hasta los bordes puede ser un inagotable depósito de combustible y nuestro mejor botiquín.



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