Deseo llamar la atención sobre uno de los desagradables asuntos con los que los ciudadanos nos encontramos en la calle a diario. Estos últimos años, y tras una larga campaña de concienciación, se ha conseguido que los dueños de perros nos encarguemos de que el resto de nuestros vecinos no se encuentren con 'regalitos desagradables' en las suelas de los zapatos. También hay que decir que con el tiempo, hemos aprendido a utilizar más y mejor las papeleras y contenedores que el Ayuntamiento pone a nuestra disposición.
Pero para llegar al 10, los ciudadanos todavía tenemos una asignatura pendiente: los escupitajos. Resulta realmente desagradable andar por la calle y saber que en algún momento, un mal paso puede originar un aterrizaje forzoso. Para alguien joven y que todavía tiene los suficientes reflejos y agudeza visual, probablemente resulte fácil esquivar los obstáculos. El problema surge cuando alguien mayor o un niño demasiado pequeño pisan, resbalan y caen por culpa de uno de estos escupitajos. Sin olvidarnos, por supuesto, de lo desagradable que resulta el espectáculo de ver la elaboración, el lanzamiento y el aterrizaje de los mismos. Los médicos nos recuerdan constantemente lo saludable de pasear a diario. Además de pasear, sería bonito poder hacerlo con la cabeza levantada para disfrutar de lo que nos rodea, en lugar de tener que ir con la cabeza baja esquivando los antihigiénicos desechos de los demás.