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Miércoles, 21 de junio de 2006
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CULTURA
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Benedetta Craveri retrata a las amantes y mujeres de los reyes en su nueva obra
Benedetta Craveri retrata  a las amantes y mujeres de  los reyes en su nueva obra
Benedetta Craveri.
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Durante siglos la mujer tuvo vetado el acceso a cualquier parcela de poder, al que no llegaba más que por accidente, bien por la muerte del marido, bien por un cúmulo de circunstancias excepcionales que convertían su presunta debilidad en instrumento de dominio. Ese fue caso de muchas reinas europeas y de un buen puñado de amantes de reyes en el Antiguo Régimen. Unas figuras clave de la historia occidental en las que se ha fijado la historiadora y escritora italiana Benedetta Craveri (Roma, 1942) que ha engavillado una galería de mujeres poderosas en el libro 'Amantes y reinas. El poder de las mujeres' (Siruela).

Profunda estudiosa de la literatura francesa y la sociedad del siglo XVIII, eligió biografiar a aquellas amantes y reinas que dominaron en las cortes, en los salones y en las alcobas, dotando de estabilidad a sus países a través de tratos, equilibrios diplomáticos o insospechadas alianzas. Una galería que va de Catalina de Médicis a María Antonieta y en al que caben la reina Margot, Gabrilelle d'Estrées, Ana de Austria, María Mancini, María Teresa de Austria, la marquesa de Pompadour y Madame du Barry, entre otras.

«Las reinas no eligen su destino. Son casadas muy jóvenes y en función de complicados estrategias sucesorias o de alianzas políticas. Han de olvidar su país, sus familias y dar hijos al rey. No cuentan nada frente un rey de omnímodo poder. Un poder que sólo pasa a ellas cuando el rey muere y se convierten en regentes, como fue el caso de Catalina y María de Médicis o Ana de Austria», explica Craveri.

Todo lo contrario de las amantes, «que sí eligen su destino y contribuyen a diseñarlo». «Ser amante del rey era una gran aspiración y exigía vencer en una exigente competición, dominar la seducción, mostrar inteligencia, saber agradar y retener al rey, ser elegante, conocer las ceremonias cortesanas y mantener el respeto a la reina. Es un oficio lleno de peligro», resumió Craveri.



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