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Miércoles, 21 de junio de 2006
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Dictaduras o democracias, todos los regímenes han corrido detrás del balón. El fútbol se lleva la palma, la Copa del Mundo se alza con el palmarés de la mundialización con millones de telespectadores. Es, sin duda, el primer acontecimiento planetario. La excitación del juego, sus valores humanistas, su magia, sus modas, sus ríos de alcohol y también sus mujeres. Recientemente, el Gobierno de Baviera autorizó una batida para liquidar al primer oso, un solo ejemplar pero juzgado incontrolable, descubierto donde no se había avistado ningún ejemplar desde hace dos siglos. Está claro que el plantígrado era más amenazador para la quietud bávara que la invasión bárbara de millares de hinchas, ruido, bullicio, altercados en aras del gran negocio y el impacto de miles de profesionales del sexo que procedentes del Este se esperaban con motivo del Mundial.

De todo este torbellino social generado alrededor de un deporte de masas se habla, se discute, se filma, se escribe. De lo que se mueve dentro del acontecimiento futbolístico, de lo que se queda fuera, de su pasado, de su presente, de su porvenir. África ya no está fuera de juego, y de este modo presenciamos partidos en vivo con la Historia que son los que se llaman 'encuentros poscoloniales', Angola contra Portugal, que la Prensa lusa celebra como maravillosa superación histórica: democracia y fútbol. Ucrania juega, mientras los jugadores de Rusia desclasificada ven la Copa por televisión. Irresistible, ineludible Copa que copa la información en pleno.

Y se activa la moviola del recuerdo en los estadios del ayer, superados hoy en fulgor y poderío arquitectónico. Aquellas botas de antaño y el añejo vestuario de las fotos sepias de los principios frente a la innovación de las marcas deportivas. Aquellos añejos peinados de los viejos tiempos enfrentados a las vistosas y diversas cocorotas de los ídolos modernos del balompié. Se instaura con los titulares del campeonato un sinfín de nuevos títulos como el futbolista más guapo y por añadidura la más hermosa de entre sus parejas femeninas. Entusiasmos patrióticos, factores identitarios, estereotipos en confrontación. Selección de pasiones. Un fenómeno sociológico con futuro redondo asegurado.



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