La decisión del Tribunal Supremo de confirmar la suspensión cautelar del decreto con el que el Consejo de Ministros estableció las condiciones y autorizó la OPA lanzada por Gas Natural sobre Endesa es el último acto de una iniciativa embarrancada. Superados con creces los nueve meses que el presidente de la empresa gasista se dio para culminar la operación, ésta permanece atascada en el parqué bursátil en medio del marasmo legal y la indefinición económica. Unos deseos y un plazo que no sólo no se han cumplido hasta la fecha, sino que llevan camino de no llegar a buen fin. Desde un primer momento, la oferta contó con el fervoroso y entusiasta apoyo gubernamental, tanto en Madrid como en Barcelona; la numantina defensa del atacado; el atento interés de los competidores y la indiferencia expectante de los inversores.
La oferta de Gas Natural no destacó nunca por su prodigalidad y posibilitó, precisamente por eso, la inmediata llegada de nuevos competidores. Semanas después de anunciarse, el gigante alemán E.On lanzaba su oferta que mejoraba la anterior en varios euros. Con ella se desató un proceso jurídico plagado de informes contradictorios y demandas entrecruzadas cuyo desenlace final es imposible de adivinar. El Gobierno encontró aquí la posibilidad de crear un campeón energético nacional que incrementara su influencia en el sector, en la misma medida que se la restaba al PP. Su apoyo fue necesario para poder oponerse al dictamen del Tribunal de la Competencia, en España, y para compensar la manifiesta hostilidad y desagrado con que recibieron en Bruselas las cortapisas puestas a los alemanes. Contó para ello con la inestimable ayuda de la Comisión Nacional de la Electricidad, que veía un camino escarpado y tortuoso allí donde los demás veían campos llanos y fértiles. Pero la defensa de Endesa consiguió complicar hasta el extremo el asunto en el terreno judicial. A cambio de depositar fianzas astronómicas, dos tribunales diferentes han decretado la paralización cautelar de la OPA dirigiéndola hacia un auténtico marasmo legal. El problema ya no es sólo el desenlace jurídico final que adopte el caso, el problema reside en saber si Gas Natural puede aguantar con la operación abierta hasta que los tribunales terminen su cansino proceso de decisión y alcancen una sentencia definitiva e inapelable. Es evidente que Gas Natural no sacará adelante la OPA en sus términos iniciales, pero parece poco probable que pueda modificarlos tanto como para convertir en viable mañana lo que hoy resulta imposible. Lo que podría haber sido una operación brillante, de haberse planteado de forma mas negociada y coordinada con la parte 'opada', ofrece síntomas de agotamiento y atasco que hacen temer por su descarrilamiento final.