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Miércoles, 21 de junio de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Pasmosa indiferencia
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Es aconsejable sacudir la memoria de la injusticia. Dar un paseo por el terror no guarda relación con el inmovilismo o con la nostalgia; tiene que ver, en estos casos, con la necesidad de no olvidar los errores cometidos. Sencillamente, para no volver a caer en los mismos. En ésas están quienes siguen sin fiarse de que el entorno de ETA acabe por engañar al presidente Zapatero, como pretendió con sus antecesores. Otegi, por ejemplo, indignado con las detenciones pero con estudiada calma, llama a la serenidad para que el Estado de Derecho se tome unas vacaciones.

Y se lo dice a las autoridades francesas que la semana pasada recibieron la amenaza directa de la banda terrorista. Las detenciones, en efecto, llegan en un momento poco oportuno para el Gobierno español cuyo presidente se encuentra ya en capilla de anunciar la apertura del diálogo con ETA, aunque el PP no le acompañe en ese viaje. Unas detenciones que, según el ministro Rubalcaba, obedecen a investigaciones de hace dos años. Calma, Otegi. Lo que más sorprende precisamente, no es la edad de Julen Madariaga y del 'señor Robles' sino la acusación que recae sobre el primero, fundador de ETA y tan apartado decía que se encontraba ahora de la banda, que militaba en la crítica Aralar. Como resulta impensable que desde la formación que lidera el abogado Patxi Zabaleta se esté 'blanqueando' el dinero de ETA, habrá que creer que se trata de un error o, de lo contrario, van a tener que darse más explicaciones de las necesarias.

Más de las que se han dignado a dar los terroristas 'Txapote' y 'Amaia' ante los jueces que les interrogaban sobre el asesinato de Miguel Ángel Blanco. El fiscal ha identificado al acusado como el autor de los disparos que acabaron con la vida del edil del PP y que provocó esa rebelión cívica mientras los nacionalistas veían que el protagonismo se les iba de las manos a la vez que el lehendakari Ardanza señalaba a Batasuna como cómplice de ese horror.

El arrinconamiento de ETA, con el espíritu de Ermua, duró algo más que un suspiro. Justo hasta que el Pacto de Lizarra le devolvió a la vida política mientras los arrinconados eran los partidos no nacionalistas. Tan sólo con el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos padecieron el frío que se siente fuera de las instituciones democráticas. Pero ese arrinconamiento también ha tenido fecha de caducidad.

Ayer la hermana de Miguel Ángel Blanco, antes de encararse con el terrorista, sólo miraba las manos del presunto asesino. Mejor. Si le hubiese mirado a los ojos se hubiera encontrado un rostro despectivo y desafiante. Que responde, como dijo el fiscal, a un individuo que no puede reinsertarse. De «pasmosa indiferencia» ante el sufrimiento provocado por él mismo. Este acusado, que proclama que seguirá en ETA hasta que se libere Euskal Herria, no se conmueve ni con las rosas blancas de las parlamentarias vascas.

t.etxarri@diario-elcorreo.com



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