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juicio visto para sentencia
«Más me voy a reír yo cuando vea a vuestros hijos pudrirse en la cárcel»
La madre y la hermana de Blanco se encaran con los presuntos asesinos del edil y sus familiares
«Más me voy a reír  yo cuando vea a vuestros hijos pudrirse en la cárcel»
TENSIÓN EN LA AUDIENCIA. Mari Mar Blanco, hermana del edil asesinado, se encara con 'Txapote' y 'Amaia' -que no mudaron el gesto-, / EFE Y TELEMADRID
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«Sólo queremos decir que somos militantes de ETA y que no vamos a parar hasta liberar Euskal Herria». Con estas palabras de Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', el presunto autor material de los dos disparos que acabaron con la vida del concejal del PP Miguel Ángel Blanco hace nueve años, concluyó el juicio por el secuestro y asesinato del edil que se ha seguido en la Audiencia Nacional contra él y su novia, la también ex integrante del 'comando Donosti' Irantzu Gallastegi, 'Amaia'. La tensión contenida a lo largo de la primera jornada de la vista oral se desbordó ayer. De hecho, la sección Primera de lo Penal de la Audiencia vivió un momento inédito en la historia del tribunal: la imagen de los familiares, allegados y compañeros de partido de Blanco puestos en pie aplaudiendo el alegato del fiscal y exigiendo «justicia» a gritos, lo que les valió su expulsión. Antes de abandonar los bancos reservados al público, la madre del representante del PP asesinado, Consuelo Garrido, y su hermana, Mari Mar, se encararon a través del cristal de la 'pecera' con la pareja de terroristas y con el reducido grupo de familiares de los etarras que seguían el juicio en un extremo de la última fila. «Reíros, reíros, que más me voy a reír yo cuando vea a vuestros hijos pudrirse en la cárcel», espetó Mari Mar.

Las emociones comenzaron a palparse a flor de piel en la sala de vistas con el testimonio de los forenses que realizaron la autopsia de Miguel Ángel Blanco y que detallaron, a preguntas del representante del Ministerio Público, Miguel Ángel Carballo, las circunstancias en que se produjeron los disparos contra el edil, que murió más tarde en un hospital de San Sebastián.

Los expertos, que prestaron declaración a través de una videoconferencia desde la capital donostiarra, explicaron que fue la segunda herida de bala la que provocó necesariamente la muerte de Blanco, que permaneció consciente y «en estado de alerta» en el tiempo transcurrido entre ambos disparos, realizados a muy corta distancia con una 'Beretta' del calibre 22 en lugar de con la pistola de 9 milímetros que también poseía el comando y que hubiera ahorrado sufrimientos a la víctima. Asimismo, relataron cómo el etarra disparó el primer tiro por la espalda a la altura de la oreja derecha del edil, que se encontraba maniatado e indefenso. Le provocó una fractura ósea. El segundo le causó la muerte y se produjo cuando Blanco estaba ya de rodillas, «en una situación de postración y humillación» -en palabras del fiscal-, antes de que sus captores le dejaran «abandonado a su suerte» en una pista forestal de Lasarte. Consuelo Garrido no pudo contener las lágrimas al escuchar el crudo relato de la agonía de su hijo y salió también llorando de la Audiencia.

Emotivo informe

Miguel Ángel Carballo -que pide 50 años para cada uno de los procesados- realizó un emotivo informe final que hizo aflorar las emociones. El fiscal apeló, para justificar su solicitud de la pena máxima para 'Txapote' y 'Amaia', a la «crueldad» del cautiverio de Blanco, que «por su cultura y dedicación política tuvo que ser consciente de que no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir». Recordó la fortísima conmoción social que provocó el secuestro y posterior asesinato del corporativo popular -lo definió como «la esencia del terrorismo»- y cómo cristalizó en la rebelión ciudadana contra el terrorismo etarra que dio origen al llamado 'espíritu de Ermua'. «Pocas veces habrá tenido ETA tantos motivos para evitar llevar a cabo su execrable acción, pocas veces habrá tenido que superar más escrúpulos», apostilló, antes de subrayar que la banda no fue capaz de atender «el clamor desesperado de una sociedad que reclamaba clemencia» y consumó un asesinato «que no pudo ser más alevoso».

Tras subrayar que el silencio de los acusados y de los testigos ya condenados por su pertenencia a ETA, así como su «falta absoluta de arrepentimiento», apoyan una eventual sentencia condenatoria, añadió a la lista de agravantes la «pasmosa y sorprendente indiferencia» de la pareja juzgada -ayer tampoco dejaron de charlar e intercambiar sonrisas, se saludaron con un beso y se cogieron de la mano-, algo que, a su juicio, evidencia la necesidad de un «largo tratamiento penitenciario». «No podemos comprender humanamente la actitud de los acusados, a no ser que se trate de una artificial pantalla para salvar la cobardía de enfrentarse a la acusación que pesa sobre ellos y a este juicio», redondeó el fiscal.

«Vámonos todos»

Los aplausos estallaron entonces en la sala. Los presentes subrayaron con su ovación las palabras de Carballo durante un minuto largo, al tiempo que arreciaban los gritos de «justicia» y los insultos contra los etarras y su familia. «¿Enhorabuena por un hijo tan valiente. Atado y por la espalda mató a Miguel Ángel! ¿Los txakurras de ETA a la cárcel! ¿Cerdos!», gritaba el público. Fue entonces cuando la presidenta de la Sala, Manuela Fernández de Prado, ordenó a la Policía que desalojara a quienes se habían puesto en pie y aplaudido. «Vámonos todos», conminó el parlamentario del PP vasco Santi Abascal, que integró ayer la representación del partido junto al portavoz, Leopoldo Barreda. Antes de salir, Mari Mar Blanco y su madre fijaron la vista en los acusados. «Asesinos de mierda, hijos de puta. Miradme a la cara, conmigo no habéis podido». Fue el único momento en que ambos interrumpieron su animada charla. Después, la hermana del edil se dirigió a las cuatro personas que acudieron por parte de los etarras, que observaban impertérritos y con una media sonrisa. «Y vosotros también. Reíros, reíros, que más me reiré yo cuando vea a vuestros hijos pudriéndose en la cárcel». Mari Mar explicó después que no pudo reprimirse al ver el llanto de su madre y los rostros de los acusados y sus parientes, que parecían «orgullosos» de lo que hicieron.

La sesión, en la que testigos del servicio de Información de la Guardia Civil acreditaron que el entonces jefe militar de ETA Francisco Javier Arizkuren Ruiz, 'Kantauri', había dado «instrucciones precisas» a todos los comandos 'liberados' para secuestrar y asesinar a concejales del PP si no se cumplían sus exigencias de acercar a los presos y que incluso hicieron planes para capturar a un edil de Nerja y ocultarle en un cañaveral, concluyó con la breve alocución de los acusados. Además de subrayar su intención de continuar «luchando», 'Txapote' recordó a los «gudaris» muertos «Juanlu (su compañero de comando Geresta Mujika, que también participó en el asesinato), Oihane y Jone». 'Amaia' fue menos explícita. Cuando la presidenta de la Sala le preguntó si tenía algo que decir, contestó: «Lo mismo que Xabier».



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