El Correo Digital
Viernes, 23 de junio de 2006
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OPINIÓN
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Formas de hablar
Hay muchas maneras de decir una misma cosa. Unas mejores que otras. «Nos hacemos odiosos cuando erramos el tono», decía Pavese. También los médicos acuden a cursos para aprender a dar las malas noticias. Se puede decir 'gracias' de un modo repugnante y se puede ser claro sin necesidad de ser brutal. Si se pregunta por el fin del terrorismo, todo el mundo dirá que lo quiere y lo espera, ¿cómo no? Los encuestadores son sutiles en la elaboración de las preguntas. Pero ser sutil está bien. En una encuesta de la semana pasada, una amplia mayoría de la sociedad navarra (a pesar de la interesada actitud del recalcitrante Sanz), se mostraba partidaria del diálogo para lograr el fin de la violencia. La palabra diálogo tiene prestigio. Se supone que dialogar no tiene nada de malo y puede traer mucho de bueno. Oh, el diálogo. Sin embargo, estoy seguro de que si, en vez de eso, la cosa se plantea como una negociación, si la pregunta fuera: '¿está usted a favor de la negociación con ETA?', habría mucha menos gente dispuesta a responder llanamente que sí. La palabra negociación solía ser la habitual para referirse a este tipo de procesos, pero, ¿lo sigue siendo? En estas cuestiones el tiempo puede pasar muy deprisa, del mismo modo que ahora nos resultaría muy chocante una cena como las de hace quince años en las que todos fumábamos sin parar. ¿Negociación? Las palabras son importantes porque están cargadas. Para empezar, cargadas de significado. Pero también cargadas de intención. 'Diálogo' es algo que puede darse entre personas de muy distinto rango. 'Negociación' sugiere una cierta igualdad en la posición inicial de ambas partes. Y el convencimiento de que el acuerdo se producirá porque será ventajoso para los dos. Esa situación de igualdad inicial y esa supuesta ventaja obtenida, (ese 'precio'), es lo que repugna a la mayoría de los ciudadanos. Así como el hecho de que se haya admitido más o menos oficialmente el término 'proceso de paz' para denominar el hecho de que una banda de locos acabados deje de amenazar a un pueblo. El último comunicado no cambia nada. Su tono es el habitual y está en perfecta asonancia con la arrogante mueca de 'Txapote'. Más que otra cosa, intenta provocar, y en ese sentido resulta ya un poco patético. Simple teatro para consumo interno. Lo que, coincidiendo con la desarticulación de la red de extorsión, denota una clara conciencia de debilidad. Porque ETA (sea lo que sea eso ahora) no está en condiciones de exigir nada. Y cada día que pasa, menos. Su única estrategia, en todo caso, es lograr que se hable de ella. Que se siga diciendo 'autodeterminación', 'territorialidad', 'precio'. Las palabras no dan igual. Dan forma al mundo.



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