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Viernes, 23 de junio de 2006
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Gorros
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Ecologistas británicos denuncian al Gobierno porque la Guardia Real sigue utilizando pieles de oso, preciosa, natural y escasa materia prima, para confeccionar esos gorros descomunales que sobresalen en tamaño y peloso empaque en los desfiles, y que igualmente luce en fechas especiales y brillantes conmemoraciones el mismo príncipe consorte Felipe de Edimburgo, que así logra emparejarlo en vistosidad con los asombrosos, innumerables e intocables sombreros de Su Graciosa Majestad la reina Isabel. No hay más que ver el tamaño descomunal de los tocados marciales que hacen guardia frente a las verjas palaciegas y los penachos movientes que escoltan a las carrozas en actos oficiales para hacerse una idea de la cantidad de plantígrados que es necesario sacrificar con el fin de renovarlos por el lógico desgaste.

Están hechos los gorros militares, santo y seña en el palacio de Saint James, con piel de oso negro del Canadá, especie que, como se puede comprobar con el paso del tiempo, corre más peligro de extinción que instituciones seculares como la corte de Inglaterra, que continúan conservando antiquísimas tradiciones en los alardes de pompa y boato con que se adorna la monarquía. Ha tenido que salir al paso de la denuncia de los defensores del oso canadiense el propio ministro de las Fuerzas Armadas, para explicar en la Cámara de los Comunes que no ha sido posible hallar por el momento ningún material sintético que supere a la piel del animal en cuanto a resistir las inclemencias a la intemperie.

Hasta ahora todo sustitutivo artificial se ha demostrado inviable, pues cuando llueve -y la lluvia es tradicional en Gran Bretaña- se comprobó que el tremendo casquete pesa demasiado y no es cosa de que los guardias reales hayan de soportar sobre sus cabezas, en posición de firme o marcando el paso, enormes y pesadas esponjas negras que empapadas tienden a deformarse y restar lustre a las paradas militares. En los bosques de Quebec, el oso negro, personaje central de la mitología amerindia, se distingue por ser solitario y discreto, y por evitar sobre todo el roce con los humanos que le acechan y le dan caza con el objetivo de no cambiar de sombrero pase lo que pase.



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