El Correo Digital
Viernes, 23 de junio de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
La renuncia de Maragall
La tibia participación de la ciudadanía catalana en el referéndum del pasado domingo fue suficiente para cumplir el trámite de la ratificación estatutaria pero no para que el principal impulsor del largo y arduo proceso de reforma saliera indemne de la prueba. No ha sido, estrictamente, el resultado de las urnas el que ha determinado el abandono de Pasqual Maragall pero sí ha puesto el punto final a una etapa convulsa, caracterizada por la tensión y el desgaste políticos, en detrimento de una gestión de la Generalitat manifiestamente mejorable. Las vicisitudes del Estatuto han forzado la ruptura del Gobierno tripartito y la posterior anticipación de las elecciones y renuncia de Maragall a presentarse a las mismas. Una postura con la que el actual president parece preferir abandonar en un momento 'dulce' y no correr el riesgo de unos comicios; aunque su convicción de haberse ido «cumpliendo los objetivos propuestos» sea, cuando menos, matizable. La reunión con el presidente Rodríguez Zapatero, ayer en La Moncloa, con la decisión ya anunciada, satisface su perfil autónomo y singular.

Pasqual Maragall, heredero de una sólida saga intelectual del catalanismo, cierra una biografía destacable que alcanzó su cénit en la Alcaldía de Barcelona y con la organización de los magníficos Juegos Olímpicos de 1992, que no sólo fueron un éxito deportivo y mediático sino que sirvieron para acometer una espléndida modernización de Barcelona, que repercutió sobre toda Cataluña y la propia España. Sin embargo, su regreso a la política y, sobre todo, su ascenso al Palau de la Generalitat de la mano del tripartito se han caracterizado por el giro de su catalanismo tradicional hacia unas posiciones nacionalistas que han acabado desconcertando a buena parte de su clientela; hasta el punto de haber terminado provocando un evidente distanciamiento con el presidente Rodríguez Zapatero, quien, pese a haberse alzado con la secretaria general del PSOE en 2000 gracias al propio Maragall, ha influido en la retirada del president.

El camino para el 'número dos' del PSC, José Montilla, parece así expedito, en busca del sufragio de capas relevantes de los grandes cinturones industriales que preferían, hasta ahora, recluirse en la abstención antes que votar al 'catalanista' Maragall; como demuestra el hecho de que el PSC haya ganado todas las elecciones generales en Cataluña y, sin embargo, haya tenido muchas dificultades para 'fidelizar' ese voto en las autonómicas. Lo cierto es que con la retirada de Maragall parece improbable que se reproduzca la desacreditada fórmula del tripartito. Entre otras razones porque el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero se siente mucho más cómodo con el apoyo parlamentario de CiU que con el sostén radical de Esquerra.



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