Pasqual Maragall dijo ayer que José Luis Rodríguez Zapatero nunca le animó a presentar de nuevo su candidatura a la Presidencia de la Generalitat. La fallida legislatura del tripartito y el desgaste por la tramitación del Estatut forzaron al president a tomar una decisión de la que muy pocos intentaron disuadirle. Entre los partidarios de que volviese a optar a dirigir el Gobierno autonómico nunca estuvo el jefe del Ejecutivo central.
Maragall reconoció que «el presidente no ha incidido nunca en este tema y no tenía que hacerlo». Rodríguez Zapatero conocía sus intenciones antes de que anunciara el miércoles su retirada. Sin embargo, había ordenado a los suyos no interferir en el proceso de sucesión y él tampoco lo hizo. En el PSOE y en el Ejecutivo ven con buenos ojos la sustitución de Maragall por José Montilla, sobre todo tras el desgaste que les ha supuesto la gestión y los tintes «nacionalistas» del Gobierno de Cataluña.
Un día después de anunciar su retirada, el presidente de la Generalitat se reunió con Rodríguez Zapatero en el palacio de La Moncloa. Evitó hablar de su decisión y pasó de puntillas sobre la cuestión sucesoria del PSC, aunque dijo tener una opinión «muy positiva» de Montilla y reconoció haber abordado ese asunto en su encuentro con el presidente del Gobierno.
A pesar de que Rodríguez Zapatero ya no le defiende a capa y espada frente a sus detractores, el president negó que se haya producido ningún tipo de distanciamiento entre su «amigo» y él. Afirmó rotundo que su relación «nunca ha sido tan buena», aunque admitió que ayer quiso aclararle que «el catalanismo político es una cosa y el nacionalismo es otra, y que Cataluña es una cosa y el nacionalismo catalán es otra». «Confundir Cataluña con el nacionalismo catalán es perjudicial no sólo para España sino también para Cataluña», remachó.
Maragall intentó que su presencia en La Moncloa no pareciera una despedida, y defendió que su labor en los meses que le quedan de mandato será tan importante como hasta ahora, porque deberá poner en marcha el Estatut. Rodríguez Zapatero prometió el pasado domingo no regatear en la aplicación del texto, y Maragall le tomó ayer la palabra al forjar con él un compromiso para desarrollarlo de inmediato. En la reunión acordaron crear los organismos previstos en el Estatuto «a la mayor brevedad», y citó la Comisión Mixta de Asuntos Económicos, la Comisión Estado-Generalitat-Administración Local, la Comisión de Asuntos Económicos y Fis- cales y la de Infraestructuras para hacer efectivo el compromiso de que el Estado destinará a Cataluña el 18,8% de la inversión total.
El jefe del Ejecutivo catalán dejó entrever su pesar por haber luchado por un texto que aplicarán otros, y reconoció que no le gustaría que CiU lo administrara. Así, juzgó que «no sería lógico, justo ni positivo» que los nacionalistas lo pusieran en marcha, y dijo que Zapatero comparte su opinión. En cualquier caso, reconoció la «importante aportación» de Artur Mas al texto.
«Coraje»
En un principio estaba previsto que ni Maragall ni Rodríguez Zapatero dieran cuenta de la reunión de ayer. Pero el presidente catalán cambió los planes de La Moncloa y aprovechó su presencia en la sede gubernamental para elogiar el papel del jefe del Ejecutivo en el proceso, ensalzando «su coraje» y su decisión de «asumir riesgos» para que Cataluña tuviera un nuevo Estatuto.
Por último, Maragall reconoció que en las dos horas y media de reunión, el presidente le ofreció desempeñar una nueva labor cuando deje la Generalitat. No aclaró de qué se trataba, pero insinuó que lo había rechazado porque «la conversación en ese punto duró poquísimo».
Tras la entrevista, Pasqual Maragall regresó a Barcelona para asistir a la sesión de control al Gobierno en el Parlamento autonómico. El presidente catalán defendió su apuesta de gobierno y la «nueva etapa» que abrió tras 23 años de liderazgos nacionalistas, y pidió al PSC que «se esfuerce para garantizar que esta realidad, esta verdad, no se pierda». No obstante, Maragall eludió pronunciarse explícitamente sobre una posible reedición del tripartito, como pretendía el líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, al preguntarle si consideraba el modelo «superado» o si, «con correcciones, todavía tenía margen de maniobra y utilidad de cara al futuro».
Maragall recibió el reconocimiento de todos los grupos en una atípica sesión de control con tintes de despedida. Ninguno de los líderes parlamentarios quiso repreguntar a Maragall ni le inquirió para que aclare la fecha de las elecciones, y el jefe de la oposición, Artur Mas, hizo su intervención desde la tribuna para darle mayor solemnidad. CiU retiró una moción que pretendía reprobar al conseller de Cultura, Ferran Mascarell, e instar al presidente catalán a disolver el Parlament antes de septiembre.