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Viernes, 23 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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«Me siento más seguro haciendo deporte de aventura que en la ciudad»
Carlos Alonso, un afectado por serios problemas de visión, es un usuario habitual del programa de ocio de la ONCE
«Me siento más seguro haciendo deporte de aventura que en la ciudad»
EMOCIÓN. Carlos y otros afectados por deficiencias en la visión festejan su bajada en 'rafting'. / EL CORREO
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Cuando la retinosis pigmentaria le impidió seguir trabajando, Carlos Alonso imaginó una nueva vida forzosamente sedentaria, hogareña, no demasiado alejada de su casa de Sopelana o de la sede de la ONCE, entidad a la que se hallaba afiliado. Se imaginaba un futuro ligado a los juegos de mesa, pero sus primeras actividades para llenar el abundante tiempo libre le encaminaron al futbito. «Siempre me había gustado el deporte, pero te pones chulito con 42 años y 130 kilos, y, claro, te rompes entero», explica.

Las lesiones no le vencieron y, tras recorrer un tramo del Camino de Santiago, se apuntó a las actividades de multiaventura del departamento de animación de la organización. Su bautizo en los deportes de riesgo tuvo lugar el pasado año, nada menos que en los rápidos pirenaicos. «Nunca me había planteado hacer 'rafting', ni de joven, y eso que entonces me encantaban las motos y la velocidad».

Reconoce que, frente a las dudas, la iniciativa de sus compañeros ciegos totales le impulsó a subir a la 'zodiac'. «No tuve miedo, porque te sientes seguro por la sensación de protección que te transmiten los monitores», recuerda. Volcaron y fueron rápidamente rescatados, pero experimentó la fuerza de la corriente que le empujaba río abajo. «Fue emocionante, difícil de describir; daban ganas de llorar de alegría».

«No tienen vértigo»

También se subió a un caballo e hizo senderismo. Confiesa que nunca antes había estado en la montaña y que ahora se siente atrapado por su magia. En invierno, incluso ha subido a una telesilla, él, que no se atrevía a montarse en la noria, y ha bajado esquiando por las pendientes siguiendo la silueta de su guía. «¿Ver -lo poco que veo- para creer!».

Lorea Eguia, una voluntaria que también participó en el bautismo de agua espumosa, se contagió de la misma pasión y subió, y cayó, de la misma embarcación. «Y no sé nadar, pero te transmiten sus ganas de disfrutar, ellos te motivan. ¿Tienen un valor, un entusiasmo !». Ha participado en campamentos para los más jóvenes, ha subido al Mulhacén y ha buceado con invidentes. «Pero con el Dragón Khan no me atreví», admite. «Ellos parten con ventaja, ¿no padecen el vértigo!».

Esta educadora infantil, veterana en este tipo de actividades, no cree que sea precisa una formación específica en el ámbito social para formar parte de la red de apoyo. «Ellos te enseñan, son los mejores profesores».

Descenso del Sella

Carlos descenderá el río Sella en agosto e, incluso, hará sus pinitos en la espeleología. Lorea también hará un hueco para participar. «Echo una mano, pero la verdad es que me gusta, desconecto de lo cotidiano y me introduzco en otra realidad».

A juicio de ambos, el departamento responsable de este ambicioso programa realiza una labor encomiable. Antes de convocar cualquier oferta, han de llevar a cabo una intensa preparación que requiere el análisis de su viabilidad, extremar la seguridad y dotarse de la necesaria infraestructura. «Y no tendrían que complicarse la vida si se dedicaran tan sólo a organizar partidas de julepe».

La variedad de perfiles, la presencia de jóvenes deseosos de romper rutinas explica, en su opinión, la oferta deportes como el piragüismo o el parapente. «¿Uff! Es una manera de estimularte, de que no te quedes en casa, depresivo, engordando, incluso gozando de oportunidades que no tiene la mayoría», dice Carlos.

El riesgo es un factor que no impide que todas las propuestas sean bien acogidas. «Somos mayores de edad y, además, yo me siento allí más protegido que en la ciuda», dice este afectado por retinosis pigmentaria. Las aceras abarrotadas, las prisas, el tráfico, son amenazas tangibles para las personas ciegas o con deficiencias de visión. «Esto es la selva para mí. Te llevan por delante y te pasas el día pidiendo perdón».



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