Lleva tres goles en cuatro partidos. Juega por la derecha y por la izquierda y es capaz de domesticar balones como el que ayer le cayó del pecho cuando México estaba subido a las barbas de su selección en una prórroga, que siempre conlleva su riesgo. Entonces fue cuando Maxi, con la naturalidad que le caracteriza, controló con el pecho el centro de Sorín, antes de empalarla con la derecha. Desde que salió de su bota se vio que ese balón era gol. El que clasifica a Argentina para cuartos de final después de un partido igualado en el que nunca encontró el guión de su juego, entre otras cosas porque el rival no le dejó.