A menos de un mes de la cumbre de jefes de Estado del Grupo de los Ocho (G-8), que este año se celebrará por primera vez en Rusia, en la ciudad de San Petersburgo, el Kremlin se dispone a blindar el mercado del transporte y exportación de gas poniéndolo definitivamente en manos del Gazprom. Con ese fin, la Duma -Cámara Baja del Parlamento- acaba de aprobar un proyecto de ley que ampliará aún más el control monopolista del gigante energético, cuyas ventas a otros países se situarán este año en unos 30.000 millones de euros. Es decir, alrededor de 3.200 millones más de lo que había previsto hace apenas tres meses.
El negocio va viento en popa. La capitalización de Gazprom, que es ya la primera compañía de gas del planeta, superó en abril los 210.000 millones de euros, con lo que aventajó incluso a Microsoft. La 'joya de la corona' rusa, de cuyas acciones el Estado tiene la mitad más una, está embarcada en un trepidante proceso de expansión.
Un gigante
En diciembre comenzaron a tenderse las tuberías del gasoducto de Europa del Norte (NEGP), el más grande del continente. Está en proyecto la construcción de otros y la exploración de nuevos yacimientos. Gazprom exporta gas a 27 países; entre ellos, Alemania, Austria, Francia, Italia y Reino Unido. La empresa suministra el 20% del que se consume en todo el mundo -más del 26% de la UE-, genera el 20% de los ingresos del Estado ruso y el 8% de su PIB. El grupo, que produce cada año 540.000 millones de metros cúbicos de gas -más que Estados Unidos (508.000 millones)-, controla el 90% del mercado en el país.
La Unión Europea y los siete países más industrializados del mundo -Alemania, Canadá, EE UU, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- han pedido a Rusia de forma reiterada que ponga fin al monopolio de Gazprom y liberalice el sector del gas. El principal tema del orden del día para la cumbre de San Petersburgo es el de la «seguridad energética». Pero Moscú y Occidente entienden de forma diametralmente opuesta cómo ha de conformarse esa seguridad. El Kremlin cree que el suministro de gas será más fiable si se encuentra bajo el control de Estado. La UE y Estados Unidos, por el contrario, estiman que la injerencia estatal y la excesiva dependencia de un único proveedor pueden conducir a subidas injustificadas de los precios.
Hechos consumados
Sin embargo, independientemente de lo que se vaya a acordar en San Petersburgo, Rusia adopta ya medidas y aboca a sus socios del G-8 a una dinámica de hechos consumados. La ley que confirma a Gazprom como el monopolio de los monopolios estará aprobada cuando el presidente Vladímir Putin reciba a sus invitados en la antigua capital imperial rusa. El autor de su texto, el presidente de la comisión parlamentaria de energía, Valeri Yázev, asegura que «los países occidentales, deseosos de acceder a nuestros recursos naturales y gaseoductos, incrementan la presión sobre Rusia para lograr la caída de los precios en el mercado mundial». Por eso, sostiene que ha sido necesario «apresurarse con la aprobación de la ley» en la víspera de la cumbre del G-8 y las negociaciones entre Moscú y Washington para el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio.
Igor Shuválov, asesor de Putin, cree que entre su país y Occidente «no hay la suficiente confianza. Para eso tiene que haber una dependencia mutua que aún no se da». Shuválov afirma que los compromisos se forjan con contratos a largo plazo e inversiones que contribuyan a mejorar las infraestructuras energéticas de Rusia. Por su parte, el ex-canciller alemán Gerhard Schröder, puesto al frente del consejo de administración del gaseoducto de Europa del Norte en diciembre, acaba de hacer un llamamiento a superar los recelos hacia Rusia y a confiar más en Gazprom.