Las tropas de Estados Unidos detuvieron ayer en Tikrit al mufti de Irak, el jeque Gamal Abdelkarim al-Daban, la máxima autoridad religiosa suní del país árabe, lo que causó indignación en esa ciudad septentrional, según el vicegobernador de la ciudad natal del ex presidente Sadam, Abdala Hussein.
Hussein, citado por la televisión local Al-Sharquiya, dijo que la mayoría de los funcionarios gubernamentales en Tikrit decidieron suspender sus trabajos hasta que el jeque Gamal sea liberado. Por su parte, portavoces de la Comisión de Ulemas Musulmanes (CUL), integrada por importantes clérigos de la religión minoritaria denunciaron el hecho de que el jeque Yamal fue detenido y tratado de «manera salvaje», junto con tres de sus hijos.
Tras el arresto del clérigo, numerosas mezquitas hicieron repetidos llamamientos, a través de los altavoces, para que la población se manifestase en protesta por su detención, mientras que las autoridades de la ciudad instaron al presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, a intervenir para garantizar su puesta en libertad.
Horas después del arresto, las fuerzas estadounidenses liberaron al mufti. Según declaró el vicegobernador de la provincia de Salahedin, el mando norteamericano dijo que el jeque «fue detenido por error y pidieron disculpas».
Mientras, la violencia volvió a sacudir un día más el país árabe. Al menos 26 personas, incluido un soldado de EE UU y un alto oficial de los servicios de inteligencia iraquíes murieron en nuevos atentados. Trece de las víctimas perdieron la vida en ataques de grupos armados en el norte y el este de la ciudad de Baquba.
Jefe de la Inteligencia
En la ciudad norteña y petrolera de Kirkuk, el director de los servicios de Inteligencia de Tamim, Musa Hashim, y dos de sus guardaespaldas perecieron en la explosión de una bomba al paso de su vehículo en el centro de la localidad, donde conviven kurdos, árabes y turcomanos.
En Doluiya (100 kilómetros al norte de Bagdad), un coche bomba conducido por un suicida hizo explosión y costó la vida a tres soldados. Y otras cinco personas fallecieron al ser tiroteado su coche por un grupo de pistoleros en Faluya, donde la Policía anunció ayer el hallazgo de los cadáveres de tres de sus agentes, con impactos de bala.
En Bagdad, que amaneció en calma tras el levantamiento del toque de queda impuesto el viernes durante varias horas, se registraron también algunos atentados con bombas que dejaron un muerto y varios heridos, algunos de ellos policías.
Además, el Ejército estadounidense informó en un comunicado de la muerte de un soldado cuando un artefacto explosivo estalló al paso de una patrulla militar en la capital. Con esta nueva baja asciende a seis el número de los militares de EE UU fallecidos en los últimos tres días en el país del golfo Pérsico.
Fuentes del Ministerio de Defensa iraquí anunciaron, por otro lado, la detención de más de 41 presuntos rebeldes en varias redadas realizadas en distintas localidades durante las últimas 24 horas.