El presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, se lanzó ayer oficialmente como candidato a la reelección para los comicios generales del primero de octubre y según indican los sondeos previos podría imponerse en primera vuelta. De acuerdo a una encuesta realizada por IBOPE este mes, Lula obtiene el 48% de respaldos frente a su principal rival Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que tiene apenas un 19% de las preferencias.
«Acepto ser candidato para continuar la lucha por un Brasil justo e independiente, y porque los pobres hoy son menos pobres. Vuelvo a ser candidato porque Brasil hoy está mejor de lo que estaba a comienzos de 2003 (cuando él llegó al cargo)», remarcó. «Recuperamos una economía fragilizada y mostramos que es posible tener crecimiento económico y generación de empleo», resumió Lula durante su proclamación en la Convención Nacional del Partido de los Trabajadores (PT) celebrada ayer en Brasilia. Los militantes del PT coreaban: 'Lula de nuevo, quien manda es el pueblo'.
Tras casi un año de suspenso y expectativas, el presidente aceptó la propuesta de competir cuando faltan apenas tres meses para las elecciones en las que se eligen además gobernadores de 27 estados y se renuevan las cámaras legislativas. El viernes próximo vencía ya el plazo para presentar las candidaturas y comenzar una campaña que le impedirá asistir a inauguraciones de obras.
El presidente se cuidó muy bien de desvelar antes de tiempo su ambición. Y es que en 2005, cuando estaba en un pico de popularidad, comenzó a crecer un escándalo de corrupción dentro de su partido que aún no cesa y que arrastró a varios de sus colaboradores más cercanos, como al ex jefe de la Casa Civil, José Dirceu, el ahora ex ministro de Hacienda Antonio Palocci, y la cúpula entera del PT.
Repite el 'número dos'
Pese a eso, el carisma de Lula, la estabilidad económica y el amplio alcance de los planes de asistencia social mantuvieron a la mayoría de su lado. Sus votantes están convencidos de que Lula desconocía las maniobras fraudulentas de sus más cercanos funcionarios para recaudar fondos que se usaban en campañas electorales.
En la convención, Lula confirmó, además, que mantendrá al vicepresidente José Alencar. Apelando a una metáfora futbolística, el presidente se preguntó: «¿Por qué cambiar cuando el equipo va ganando?».