«El País Vasco tiene que apostar por las élites científicas, por la calidad», sostiene José María Mato. La opinión del director del CIC Biogune es compartida por sus colegas y por Alberto Ansuategi, director de Política Cientítifica del Gobierno vasco, quien cree que «hay que dar oportunidades a todos, pero primar a los que lo hagan bien». El mensaje puede resultar impopular en una sociedad en la que parte de la ciudadanía parece convencida de que todas las opiniones tienen el mismo valor. «No todas las opiniones valen lo mismo. Lo mismo que, si vamos en un avión, no se elige al piloto por votación, la ciencia es elitista: el que sabe, sabe; el que no, no», advierte Jesús Ugalde.
La creación de centros de excelencia, donde se practique ciencia al más alto nivel, es una de las reivindicaciones de los investigadores. En la actualidad, hay cuatro: el Donostia International Physics Center, la unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, el CIC Biogune y el recientemente inaugurado CIC Biomagune. «Necesitamos diez centros de ese tipo que traigan gente de fuera, no sólo jóvenes, sino también investigadores ya formados», dice Félix Goñi.
Al mismo tiempo, hay que dar oportunidades a los jóvenes. «En este país, investigar sigue siendo llorar. Tenemos gente muy bien formada, aquí y en el extranjero, que con 40 años y los más altos grados académicos, no sabe todavía dónde va a acabar», se lamenta Agustín Sánchez Lavega. Ansuategi reconoce que una de las cosas que hay que hacer es dotar a la carrera científica de un atractivo del que ahora carece, buscar fórmulas para que los investigadores de la UPV puedan intensificar su actividad científica, poner a su disposición personal de apoyo cualificado y crear un sistema de evaluación e incentivación que tenga en cuenta los resultados a la hora de las retribuciones.
«Tenemos que plantearnos un modelo de financiación del sistema universitario -incluida la investigación- que combine la seguridad, una financiación estable, y la eficiencia en la asignación de recursos basada en la flexibilidad, la competencia y el reconocimiento del mérito», explica el director de Política Científica.
El futuro de la ciencia vasca exige también, a juicio de Juan Ignacio Pérez, hacer «un esfuerzo en ciencias sociales y humanidades» e incentivar la salida al extranjero, la colaboración con equipos de otros países y la atracción de ayudas foráneas. Sánchez Lavega cree que, además, «hay que valorar la divulgación de la ciencia, la vía para que la gente sepa los frutos que da el dinero que se invierte en investigación».