¿Se imagina, inefable lector, un mundo sin supermercados, sin correo, sin tele por cable, sin gobierno ? La excelente serie 'Los muertos vivientes' plantea un planeta desolado, donde reina el caos, poblado por cadáveres andantes que acosan a los humanos supervivientes. Aunque nos suene, no es más de lo mismo.
El (sub)género de los muertos vivientes ha dado algunas de las mejores películas de horror de la historia debido a su capacidad para elaborar metáforas sobre la condición humana. Corría 1968 cuando 'La noche de los muertos vivientes' revolucionó las constantes del celuloide terrorífico gracias a su renovador planteamiento, estético y expresivo.
La cinta lanzó al estrellato a los no-muertos apocalípticos, alejados de ritos vudús, más cercanos a nosotros, mientras planteaba una exquisita parábola social. Bajo la influencia de este clásico indiscutible nace el cómic 'Los muertos vivientes', con guión de Robert Kirkman e ilustraciones de Charlie Adlard. Una epidemia sirve de manida excusa para hacer una radiografía en viñetas del ser humano, una especie en extinción.
El relato disecciona hábilmente las relaciones humanas y nuestra posible reacción en el caso de que todo lo que conocemos se fuera al garete. Cuatro volúmenes de esta indispensable serie, cruda y crítica, están disponibles en nuestras librerías, recordándonos que, en una sociedad en descomposición, el mal que puede acabar con nuestra civilización somos nosotros mismos. Los zombis son una proyección de los vivos.
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