El pasado 10 de junio, Bertín Osborne abandonaba, a sus 52 años, su recalcitrante soltería y se casaba con Fabiola Martínez, de 33. La mujer que ha logrado llevar a Osborne al altar por segunda vez es una venezolana con un carácter de hierro, envuelto en guante de seda. Hace unos días, desfiló vestida de novia en Barcelona para la diseñadora Rosa Clará, que fue quien le hizo el traje que lució en su boda.
-¿A qué esperan para irse de luna de miel?
-A que la prensa se relaje un poco y nos deje tranquilos... No, en serio, ahora mismo Bertín está en plena temporada alta de trabajo y no podemos viajar muy lejos. Pero tampoco hace falta, ya que siempre encontramos días libres para pasarlos relajados en el campo. Además, nuestro día a día es una luna de miel.
-¿Qué recuerda de su boda?
-Lo curioso es que hay partes de mi boda que ni las recuerdo.
-¿A causa del champán?
-No, no. A causa de lo rápido que transcurrió todo. Fue algo vertiginoso.
-¿También usted lloró?
-Yo no. Al ver que Bertín lloraba, logré controlar mis lágrimas, porque pensé que los dos llorando allí habría sido terrible. Aquello más que una boda habría parecido un funeral.
-¿Y por qué lloró todo un hombretón como Bertín?
-Pues porque el cura, que es de su familia, dijo unas cosas muy bonitas de la madre de Bertín, ya fallecida. Él la recordó en ese momento y pensó cuánto le habría gustado que ella viviera para haber podido ver esta boda.
Antes abuelo
-¿Ese fue el momento más emotivo?
-Yo diría que sí. Pero la ceremonia fue tan bonita que pienso que la misa entera fue lo más hermoso y emotivo de todo el enlace. Luego, por supuesto, la fiesta fue increíble, porque la gente siguió bailando hasta casi las siete de la mañana.
-¿La boda le ha cambiado la vida?
-No. Mi vida y la relación con mi pareja siguen siendo las mismas. Aunque quizá, psicológicamente, te aporta más tranquilidad o seguridad. Pero yo me siento igual. En todo caso, es demasiado reciente. Pregúntemelo más adelante.
-¿Tienen prisa por tener un hijo, como se ha dicho?
-Ninguna. Si le soy sincera, mi reloj biológico todavía no ha sonado. Sin embargo, es cierto que a los dos nos apetece tener un bebé. Con tranquilidad, todo llegará. Lo que está claro es que Bertín va a ser abuelo antes de volver a ser padre; porque ya me es imposible alcanzar a su hija Alejandra, embarazada de varios meses.
En la bodega
-Su relación con las hijas de Bertín parece excelente.
-Lo es. Y debo decir que en gran parte se lo debo a ellas, que, además de maduras, son encantadoras y han sabido convertirse en unas grandes amigas. Es increíble, porque con su padre llevo cinco años y a ellas sólo hace dos que las trato. Es poco tiempo, y sin embargo nos tenemos con un cariño y una confianza enormes. Como si nos conociéramos de toda la vida. Pero es que su madre las dejó muy bien orientadas en la vida. Son maravillosas, hasta se me pone la piel de gallina cuando hablo de ellas.
-Además, está muy integrada en los negocios de su marido. ¿Qué le tira más la pasarela o la bodega?
-La bodega, sin lugar a dudas. Yo soy mucho más mujer de negocios que modelo. Me encanta trabajar en la bodega del vino de Rioja de Bertín. Ahora mismo, con la boda y el desfile posterior, la he dejado un poco abandonada; pero estoy deseando retomar el trabajo, porque me llena muchísimo. De hecho, llevaba dos años sin trabajar como modelo.
-¿Qué le ha dado a Bertín para curarle de su 'donjuanismo'?
-Nada. Yo creo que simplemente he llegado en el momento adecuado; una etapa nueva en la que él ya estaba cansado de tontear por ahí. Lo más gracioso es que su familia, al verlo vestido de novio, casi ni se lo creía. Hay que tener en cuenta que Bertín ha sido durante mucho tiempo una especie de 'soltero de oro'.
-Hasta que llegó usted...
-Sí, nos hemos sabido adaptar el uno al otro. Y eso que los dos tenemos mucho carácter.
-¿Él le pidió matrimonio o fue un acuerdo a medias?
-Me lo pidió él, por supuesto. Yo para estas cosas soy tradicional.
Dos listas
-¿Qué tiene Bertín que las vuelve locas?
-A mí lo que me enamora de él es que, además de ser guapísimo, es un hombre transparente, limpio, sin maldad y muy bondadoso. Bertín tiene muchas cosas que lo hacen grande; no sólo por el tamaño.
-¿Y por qué insistió en casarse con un chaqué usado?
-Porque se lo habían regalado sus hijas, que son para él lo más importante del mundo, y le hacía mucha ilusión llevarlo. Menos mal que al menos estrenó la corbata.
-¿No intentó hacerle cambiar de opinión?
-No, no. A Bertín no se le puede obligar a nada. Hace lo que él cree conveniente. Y, además, era un regalo de sus hijas.
-¿Tuvieron 180 invitados?
-En teoría, porque en la práctica se convirtieron en 205. No me pregunte cómo ocurrió.
-Dicen que Martín Pareja Obregón no estuvo en su enlace porque fue el 'amigo' que traicionó a Bertín al anunciar la boda.
-Realmente lo desconozco. Yo sólo puedo hablar de mi lista de invitados. Bertín tenía la suya y yo la mía.