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Lunes, 26 de junio de 2006
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CULTURA
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Un historiador asegura que Queipo de Llano traicionó a su país y a su propia familia
El autor, Juan Ortiz, presenta al general que apoyó la toma de Sevilla como una persona resentida
Un historiador asegura que Queipo de Llano traicionó a su país y a su propia familia
Queipo, detrás de Franco.
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El profesor cordobés Juan Ortiz (Luque, 1953) arroja nuevos datos de la vida del general Gonzalo Queipo de Llano en una reedición de su libro 'Del golpe militar a la Guerra Civil' (RD Editores) y lo presenta como una persona resentida y rencorosa que traicionó a su país y a su propia familia.

El autor, que publicó la primera edición de este título en 1997, realiza ahora una revisión en el que relata la vida del general que apoyó a los golpistas para tomar Sevilla, y recorre los pasajes en los que considera que sólo apoyó a la República como una cuestión personal que no tenía que ver con los ideales, sino por la antipatía que le inspiraba Alfonso XIII.

Inestable e intrigante

«Era inestable, charlatán e intrigante, con una gran afición política», indicó el profesor Ortiz sobre la figura de Queipo, del que añadió que «traicionó a todo el mundo, incluso a Franco, al que odiaba».

Como en la primera edición, Ortiz plantea la cuestión de la guerra y las atrocidades ocurridas en algunos barrios sevillanos, que fueron «tomados a fuego y sangre», según el escritor, quien se ha documentado en registros civiles y a través del testimonio de muchos testigos e hijos de fusilados.

De las represiones más sangrientas destacó la del barrio de Triana, que fue «tomado al unísono desde los tres puentes la noche del 21 de junio, y al que consiguieron acceder a través de cañonazos que sembraron el terror».

San Julián y San Luis, añadió, «fueron víctimas de una operación similar», a través de un aviso, siempre un cañonazo, que se disparaba cerrando el arco de la Macarena.

El escritor reseñó que no sólo fusilaron a los que defendieron las barricadas, sino a gente que detuvieron en las casas y los edificios señalados por otros, como fue el caso del administrador Andrés Palatín, que se preocupó por proteger la Iglesia de San Luis y proporcionar tranquilidad a las monjas de los hospicios y a los niños.

Recordó que algunas personas han sabido de familiares suyos a través de las listas de fusilados publicadas en este libro con el que ha superado una asignatura pendiente con la historia, que según dijo «estaba muy tergiversada por los que ganaron la guerra».



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