En una coyuntura energética mundial en la que cabe prever un crecimiento sustancial del mercado del gas, especialmente debido al crecimiento y expansión de las economías de los países del Este de Europa y también de Asia e India, la auténtica apuesta estratégica de un proyecto como el del gasoducto Euskadour, cuya primera fase se ha inaugurado ya en la localidad vascofrancesa de Urrugne, radica en su capacidad de posibilitar la diversificación energética que se necesita para reducir una dependencia creciente del petróleo.
Euskadour, que constituye la primera conexión gasista bidireccional entre la Península Ibérica y el resto de Europa, tendrá una longitud de 318 kilómetros una vez finalizada su construcción, cuyo presupuesto global alcanza los 180 millones de euros. Conectará la planta de regasificación de Bahía Bizkaia, situada en el puerto de Bilbao, con el almacenamiento subterráneo de Lussagnet, al norte de Lacq, un acuífero natural que es en la actualidad uno de los mayores almacenes de gas existentes en el sur de Europa. El nuevo gasoducto es una infraestructura fundamental para el transporte y abastecimiento de energía en el área del Golfo de Vizcaya, que abarca una zona densamente poblada en la que se contabilizan algo más de cinco millones y medio de habitantes. En ese sentido, estará en condiciones de garantizar el intercambio de suministro de gas entre España y Francia en una coyuntura internacional caracterizada por unos precios crecientes de la energía derivada del crudo petrolífero, y, además, permitirá optimizar el aprovechamiento de otro tipo de infraestructuras existentes, pero que en este momento no se encuentran conectadas entre sí.