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Lunes, 26 de junio de 2006
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SOCIEDAD
LUZ MIRYAM HERRERA Y ÁNGEL PLAZA, MATRIMONIO MIXTO
«Hay un proceso de adaptación que requiere de mucha paciencia»
Un vasco y una colombiana relatan su experiencia. «Su familia tenía cierto recelo al principio», dice ella
«Hay un proceso de adaptación que requiere de mucha paciencia»
FLECHAZO. Luz Miryam y Ángel comparten «el catolicismo y el amor por la naturaleza». / L. A. GOMEZ
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A ella le enamoró su nobleza. A él la dulzura y su trato lleno de atenciones. Ángel Plaza ha pasado años en la carretera llevando mercancías con su camión de un lado para otro. En uno de esos viajes de trabajo se cruzó en su camino Luz Miryam Herrera. «Fue un flechazo», confiesa. La amplia familia de él -nueve hermanos en casa- sintió recelo al principio de esta relación. La razón: ella es colombiana y se llevan unos veinte años de diferencia.

'Ya sabes dónde te metes', advertían a Ángel. «Su temor era que solo buscase en mí los papeles para quedarse en España», recuerda este bilbaíno. La duda en el seno familiar de quien contrae matrimonio con una persona de otra nacionalidad suele ser uno de los obstáculos que se presenta en las llamadas parejas mixtas. «Pagamos el precio de los errores de otras», comenta apenada Luz.

En su caso, estos miedos desaparecieron cuando contrajeron matrimonio. Ángel se casó, por primera vez, con 65 años y desde entonces han pasado tres en los que Luz, de 47, ha conseguido integrarse junto a sus tres hijos adultos en la familia de Ángel. «Antes era un desastre para comer, vestir... ahora me lleva siempre impecable, ha mejorado mi salud y sonrío más. Vivo con ella feliz porque noto algo que no he tenido nunca, salvo de mi madre: cariño. Y mi familia se ha dado cuenta», relata emocionado.

«Su tono era muy alto»

Una vez superado el primer bache llega la hora de las diferencias culturales. «Me costó acostumbrarme a su tono. Era muy alto», confiesa esta colombiana, que dejó su Cali Valle natal hace seis años. Y no sólo el modo de decir las cosas, sino también las formas. «De sus costumbres me molestan los tacos. A nosotros nos acostumbran desde pequeños a no decir ninguna palabrota y a ser muy dulces. Para mantener una relación sólida, esas palabras hay que dejarlas fuera del hogar».

Para Ángel, los comienzos fueron algo más fáciles. «Me alimento prácticamente de comida colombiana y me gusta. Además, tiene muchos detalles conmigo. Aquí eso se da menos». Pero ambos confiesan: «Existe un proceso de adaptación que requiere de mucha paciencia».

En este tipo de uniones, «ellos tratan de educar a los hijos con las costumbres de aquí. Algo que nos apena mucho porque es como olvidar las raíces. Esto suele crear tirantez», dice ella. Los celos por el carácter extravertido de las hospanoamericanas suelen también «llevar a malentendidos». El secreto para solventar esta discrepancias lo desvela Luz: «En las parejas mixtas el respeto por la cultura del otro es esencial». Es un principio que tratan de inculcar a los hijos porque el «núcleo familiar es muy importante para nosotros, pese a que se encuentre a muchos kilómetros de distancia», explica. Por eso, cuando son pequeños se les muestran fotos y vídeos de los abuelos, tíos... «Así cuando les ven por primera vez no les resultan extraños».



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