Los hijos de una pareja mixta tienen siempre más difícil ver a los abuelos que están lejos, así como a algunos tíos y primos. Pueden tropezar incluso con un problema de idioma, aunque para los estudiosos del fenómeno ésa es una dificultad menor. «Los niños tienen gran facilidad para aprender lenguas, y en tiempos de Internet la comunicación puede ser intensa con cualquier lugar del mundo, aunque no se dé el contacto físico», explica Trinidad Vicente.
Así que la dificultad mayor puede estar en transmitirles una identidad múltiple, a veces con el agravante de que la del progenitor que nació en otro país suscita rechazo aquí en determinados ambientes: sucede, por ejemplo, con el islamismo. «Habría que dar facilidades para que los hijos pudieran asimilar todos esos elementos de su identidad mestiza, desde la lengua hasta la religión», dice Dan Rodríguez, para quien eso redundaría en una mejor integración del inmigrante que se ha casado con un nacional y en beneficios económicos para el país. Y pone el ejemplo de Canadá, donde hay una gran comunidad china que ha conservado sus rasgos al tiempo que se integraba con facilidad en la vida nacional y eso ha convertido al país americano en un socio privilegiado del gigante asiático.