El Correo Digital
Martes, 27 de junio de 2006
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LA RIOJA
La recepción que ofreció ayer el Ayuntamiento de Logroño al Logroñés por el ascenso obtenido el día anterior en La Romareda estaba a punto de finalizar. Las principales autoridades se tenían que retirar y las conversaciones se cerraban con cordialidad. En ese preciso instante, Javier García Turza, concejal de Deportes en el Consistorio, se acercó hasta la mesa en la que debatía Juan Hortelano, presidente del Logroñés, con varios medios de comunicación. Turza se dirigió al máximo dirigente blanquirrojo para darle un mensaje escueto pero claro. «Será mejor que lo dejemos para las 12.00 porque a las 9.00 no puedo», le dijo Turza a Hortelano, que se limitó a asentir.
Sin Makoki y sin el sensacional ambiente festivo por las calles más emblemáticas de Logroño, San Mateo no sería posible. La noche del domingo, con el ascenso del Logroñés a Segunda división B, se propició el primer ensayo general antes de la llegada del próximo 16 de septiembre.
De las derrotas se aprende. Eso ha hecho el Logroñés para consolidar su fortaleza mental y poder lograr un ascenso fundamental para el futuro del club. El conjunto de Juan Carlos Herrero se ha servido de dos partidos perdidos para sacar lo mejor de cada jugador -más allá del componente técnico individual- en aspectos que van directos al sentimiento.
El Logroñés CF pretende que la próxima temporada los tres conjuntos riojanos de Segunda B formen un grupo de competición junto a equipos del País Vasco, Cantabria, Navarra y Castilla León.
Carlos Oyarzun abandonó Chile a mediados de la pasada campaña para probar fortuna y determinar las opciones reales que tenía de dar el salto a profesionales, su «gran sueño». Y a sus veinticuatro años de edad va camino de hacerse un hueco entre los candidatos, después de una primera mitad de campaña que asume, al menos, como prometedora.

Vocento