Nunca habría llegado a suponer, mi señor Zapatero, que iban a copiar ustedes con tanto aprovechamiento la maña del Gabinete Ibarretxe para culpar a la oposición de que el Gobierno no fuera capaz de aprobar los presupuestos. La vicelehendakari se aplicaba a hacer las cuentas públicas con gentil donosura, las presentaba para su aprobación parlamentaria y, en vez de negociar acuerdos para su respaldo mayoritario, se mosqueaba porque la oposición, gente rara que entonces también eran ustedes, se oponía. «El frente de los ilegalizadores y los ilegalizados», quién lo iba a esperar. Así una vez y otra, alumbrando una nueva lógica política: la responsabilidad de la acción gubernamental debe recaer, principalmente, sobre los partidos de la oposición.
Es esta trocha la que usted recorre cuando exige a la oposición que secunde sus planes para negociar con ETA, «que apoye el proceso de paz», que es como llaman ustedes al tema con impresionante anomia.
Vamos a ver las cosas con un poco de racionalidad. ¿Quiere usted decir que la oposición sólo puede ejercer de tal en las cuestiones más irrelevantes de entre las que se plantean en el Parlamento? ¿Que puede oponerse en la discusión sobre la Ley de Propiedad Intelectual, pongamos por caso, pero que no debe rechistar ante los planes del Gobierno para acabar con el terrorismo, incluso si cree que se equivoca?
El sistema democrático es un contrato de desconfianzas, presidente. No hay por qué confiar en nadie, especialmente en el Gobierno, al revés de lo que pretende su portavoz López Garrido. El hombre es un lobo para el hombre, dijo Hobbes citando a Plauto y ese es el quid de la cuestión, la causa de la división de poderes y el meollo del sistema democrático.
No se entiende que, precisamente en las cuestiones más importantes, el Gobierno pretenda definir para sus actuaciones un ámbito de impunidad, que la oposición no pueda hacer otra cosa que aplaudir hasta sus errores. No digo ya sus delitos, porque a López Garrido no debe de caberle en la cabeza que un gobernante pueda delinquir.
Las cuestiones importantes deben plantearse de manera suprapartidaria, ciertamente, pero esa es una responsabilidad que usted debe asumir, en vez de diluirla en su alegre pandilla del Congreso, el amable club de los comisionistas. ¿Debió usted apoyar al Gobierno de Aznar en la decisión de enviar tropas españolas a la guerra de Irak? No lo creo.
Hace muy bien en recabar el apoyo del PP, pero eso requiere información previa y «acuerdo en el diagnóstico», como decía el difunto Pacto Antiterrorista. Es usted quien debería granjearse la confianza de Rajoy y su complicidad y no al revés, como ha sostenido en alguna ocasión. ¿Por qué no desarrolla con su oposición las mismas capacidades negociadoras que va a emplear con una banda terrorista? Ande.
s.gonzalez@diario-elcorreo.com