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Martes, 27 de junio de 2006
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CULTURA
MAYEN BECKMANN, NIETA DEL ARTISTA
«La casa estaba llena de sus cuadros, sin otros recuerdos»
La historiadora y restauradora ha dedicado diez años a la obra sobre papel de su abuelo
«La casa estaba llena de sus cuadros, sin otros recuerdos»
Mayen Beckmann con un autorretrato de su abuelo. / IGNACIO PÉREZ
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Historiadora del arte y restauradora experta precisamente en obras sobre papel, Mayen Bekcmann ha dedicado los últimos diez años a buscar, registrar y valorar las acuarelas y pasteles de Max Beckmann, el trabajo de su abuelo que permanecía más oculto. Ha sido también galerista y ahora se dedica a organizar exposiciones y a escribir.

-¿Conoció a su abuelo pintor?

-No, porque él murió en 1950 en Nueva York, donde vivía con su segunda mujer. Yo había nacido dos años antes en Alemania y no hubo tiempo. Mi abuela y todos nosotros ya no salimos de Alemania...

-¿Hay algún recuerdo de su abuelo que le hayan transmitido y que tenga más vivo que otros?

-En mi familia era un tema deligado, algo de lo que se hablaba poco. Lo que sí estuvo siempre muy presente fue su recuerdo como pintor. La casa estaba llena de sus cuadros, sin otros recuerdos... A la que sí conocí fue a su segunda esposa . Durante bastante tiempo, regresaba a Alemania cada año y venía con nosotros a casa.

-¿Qué es lo que más le gusta del trabajo de su abuelo?

-Hay cuadros de la colección familiar que me gustan mucho; como un retrato de mi abuela muy bello. Es su cuadro más hermoso.

-¿Y en colecciones públicas?, ¿dónde está principalmente su obra?

-En Saint Louis, EE UU. El museo de esta ciudad tiene la más grande y maravillosa colección de obras de Beckmann. También en Múnich, en la Pinacoteca Moderna, y luego en Stuttgart, Hamburgo, Leipzig...

-¿Por qué Saint Louis?

-Beckmann, una vez en EE UU, enseñó en la Universidad en esa ciudad. Estuvo dos años. Allí hizo amistad con un señor muy rico que era coleccionista, Morton D. May, que adquirió muchos de sus cuadros de los años 40. A su muerte los donó a aquel museo.

-¿Y en Alemania, cómo se hacen los museos con obra suya si fue rechazada por los nazis?

-Los museos alemanes sólo pudieron volver a adquirirla tras la guerra. El de Múnich, bastante gracias a Günther Franke, galerista de Bekcmann, que donó los fondos.

-¿Qué importancia tienen las acuarelas que han traído a Bilbao?, ¿qué representan en su trayectoria?

-Beckmann empieza a hacer acuarelas en las vacaciones, porque los útiles y las obras se transportan mejor. De ahí que sean un trabajo más personal. Con ellas ensaya ideas compositivas y de color para las obras al óleo. En la pequeña habitación que ocupa durante todo un invierno en Amsterdam, cuando deja Alemania, pinta muchas acuarelas y pasteles que llegan a tener la entidad de grandes obras.

-¿Vende acuarelas de la misma manera que sus pinturas al óleo?

-No. Muchas las regala a los amigos; se puede comprobar por las dedicatorias. Pero muchas también las guarda y sólo son puestas a la venta por su segunda mujer después de morir él. Las guardaba en su dormitorio.

-¿Qué impresión guarda de él?

-Fue alguien que vivió cosas terribles, y me admira su preocupación tanto por los grandes temas de la existencia humana, como por lo que ocurría a su alrededor.



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