El quinto ejemplar en el orden de lidia salvó el honor del encierro del Puerto de San Lorenzo. De no ser por 'Garabito' la divisa salmantina se hubiera hundido como el Titanic. Cinco toros resultaron ser como la gaseosa. Temperamentales de salida, galopando con muchos pies, sueltos, haciendo caso omiso de los capotes. Incluso llegaron a cumplir durante el tercio de varas, pelearon con fijeza y empujaron desde los cuartos traseros. Sin embargo, tras salir de los petos de los caballos, gatearon, claudicaron, se derrumbaron.
El toro que rompió plaza, en vez de pararse descompuso sus arrancadas. Según avanzó la desordenada y enganchada lidia de Salvador Vega, el astado fue poniéndose reservón, vendiendo cara cada acometida. El segundo ejemplar del lote del malagueño no pudo con su alma. Vega, que no tiene alma de enfermero, intentó acoplarse a la nada. Pasó al toro a su aire, mientras se repetían las continuas caídas. Una imagen patética que no debió permitir Salvador. Paradójico.
El segundo toro de la tarde no se desplazó tras los capotes, cumplió el expediente en varas y midió a los banderilleros. En los primeros compases del trasteo de Matías Tejela, el toro huyó de la suerte. Por si fuera poco, desarrolló un molesto gazapeo, se repuso tras cada muletazo e intentó anticiparse a las acciones del diestro. Con todo, Tejela mantuvo la compostura y tras mucho sobarlo por ambos pitones, obtuvo dos meritorias tandas al hilo de las tablas.
Morenito de Aranda, dispuso de un primer astado de proporcionadas hechuras y buena condición, aunque de alarmante ausencia de fuerzas. Todo era imposible aunque sacar la muleta adelante, intentar correr la mano con profundidad y no quitarle el engaño de la cara no fueron los recursos técnicos más apropiados. Con el toro que cerró festejo, igualmente blando y rebrincado, el diestro local porfío con sinceridad. Pese a arrimarse, el toro no pasó por ninguno de los dos pitones.
Molestó el viento
Afortunadamente, 'Garabito', segundo toro del lote de Tejela salvó el festejo. Alegre de salida, persiguió los capotes con celo, descolgó el cuello y repitió las embestidas incesantemente. El viento no permitió a Tejela elegir los terrenos apropiados, los medios, ni emplearse en redondo con la izquierda. Sin embargo, el torero madrileño acertó al tocar el engaño por fuera, nunca retiró la franela de la cara de su oponente, lo que posibilitó la ligazón y la emoción, y pese a estar de la primera raya de picar para los adentros no cedió una pizca de terreno. Lástima de viento.