Los sindicatos reaccionaron ayer de forma desigual a la decisión del consejo de Arcelor de aceptar ahora una fusión con Mittal, después de rechazar esta opción con rotundidad durante cinco meses. UGT, que cuenta con un representante en el órgano de gobierno del grupo europeo -el secretario general de la federación de Metal, Construcción y Afines (MCA), Manuel Fernández ('Lito')-, hizo la valoración más positiva al entender que en la última oferta del gigante anglo-indio sí existe un compromiso firme de mantener el empleo y los planes de inversión. CC OO y ELA, por contra, siguen desconfiando de sus intenciones.
UGT ha realizado el mismo brusco viraje que el resto del consejo de Arcelor. Mittal era considerado antes una amenaza para los trabajadores del grupo europeo, pese a que el magnate indio se ha esforzado en transmitir un mensaje de tranquilidad y en desmontar esa imagen de patrón con pocos escrúpulos en materia social. Pero sólo ahora, después de que haya mejorado por tercera vez su oferta económica, se confía en que cumplirá sus promesas. En el el acuerdo amistoso de fusión publicado ayer se asegura que «no existirá un plan de reestructuración, ni despidos colectivos, ni otros planes de reducción de empleo en Arcelor, dentro de la UE, como resultado de la integración» de ambas firmas.
«La situación ha cambiado de forma radical porque, para empezar, ahora hay un acuerdo amistoso donde antes había una OPA hostil», señala un portavoz de la federación de Metal de UGT. A su juicio, en las últimas negociaciones se han atendido las reivindicaciones de los trabajadores al convencer a Mittal para que acepte el modelo social de Arcelor. Así, el grupo resultante de la integración de ambas mantendrá en el consejo a tres representantes de los empleados.
CC OO, sin embargo, considera que el repentino cambio de opinión del consejo Arcelor, que hasta ahora veía todo desventajas en esa unión, «demuestra que lo único que buscaba la dirección del grupo siderúrgico europeo era velar por sus intereses personales y no por los de la empresa». El sindicato reitera en una nota su «preocupación por las condiciones laborales y la falta de diálogo social» en la compañía anglo-india y advierte de que «hará todo lo que esté en su mano por defender el empleo y las inversiones previstas».
Polémica en Euskadi
Arcelor, que nació de la fusión de la luxemburguesa Arbed, la francesa Usinor y la asturiana Aceralia, cuenta con 18 plantas en España y cerca de 15.000 empleados. De ellas, siete están ubicadas en el País Vasco y dan trabajo a 3.500 personas. En esta comunidad la guerra por Arcelor ha servido al Gobierno vasco y la BBK de oportunidad para expresar su descontento por la gestión del grupo europeo en la Acería Compacta (ACB) de Sestao, en la que controlan un 20%. El año pasado esta planta registró unas pérdidas cercanas a los 30 millones de euros.
Además de la ACB, sucesora de la antigua Altos Hornos, Arcelor tiene también en Vizcaya la planta de Etxebarri y la red de distribución de Aceros Velasco (Basauri). Álava cuenta con una fábrica del grupo europeo, la de Sapem, mientras que en Guipúzcoa hay tres en las localidades de Olaberria, Bergara y Zumarraga.
ELA se manifestó ayer en términos similares a los de CC OO al advertir de que el consejo de Arcelor, en la pugna con Mittal, sólo ha buscado un aumento del precio de las acciones, en lo que ha sido «una guerra de intereses financieros elitistas». También exigió que esta operación no sirva de «excusa» para interferir negativamente en las plantas ubicadas en Euskadi.