El Correo Digital
Martes, 27 de junio de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Matrimonio de acero
El acuerdo de fusión entre Arcelor y Mittal Steel, alcanzado en el último momento, soluciona un contencioso empresarial hasta entonces muy enquistado y crea el primer grupo mundial del acero, un coloso con un volumen casi tres veces superior a su inmediato perseguidor. Pero, sobre todo, pone de manifiesto respecto a otros casos el crucial elemento diferenciador que supone abordar estas operaciones desde unos parámetros estrictamente financieros, como demuestra el hecho de que se ha terminado acordando un precio -40 euros por acción- que supone un 45% más de lo ofrecido inicialmente.

Hasta el último momento, Arcelor se había resistido a las ofertas de su competidor e incluso había organizado una maniobra defensiva de fusión con la rusa Severstal, pero al final ha preferido aliarse con el gigante angloindio. Y es que el sector del acero, tras un durísimo proceso de reconversión en el que se perdieron cientos de empleos y se enterraron miles de millones de dinero público, ha entrado en una especie de segunda juventud, empujado por los tremendos aumentos del consumo inducidos fundamentalmente por el crecimiento de los grandes países asiáticos. Así, hoy son empresas privadas que cotizan en Bolsa y actúan en múltiples países para dar respuesta a las necesidades de un mundo global. Sin embargo, la intervención pública del pasado en Arcelor -resultado de la fusión de Usinor y Aceralia- confiere a la operación un significado especial. Inevitablemente, la unión con un productor procedente de un país de bajos costes laborales levanta suspicacias sobre el futuro de las instalaciones radicadas en suelo europeo -ocho de ellas en la Comunidad Autónoma Vasca-, en donde las condiciones del entorno son muy diferentes, y sobre el futuro de sus trabajadores; ni siquiera las ingentes inversiones en nuevas instalaciones que se programan en China y que van a incrementar de manera notable la capacidad instalada y provocar un seguro problema de sobreproducción de acero y deflación de precios han convencido a los sindicatos para aparcar su preocupación por el mantenimiento del empleo y aceptar sin más la creación de un nuevo gigante del acero como la única oportunidad de afrontar los venideros retos asiáticos. Los que sí han dado su visto bueno a la operación, de momento, han sido los mercados bursátiles, que han premiado la fusión con fuertes subidas de Arcelor en su cotización.



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