México encara una semana crucial: el domingo se celebran las elecciones presidenciales más reñidas de la historia del país. El electorado está polarizado entre la izquierda, que aventaja ligeramente las encuestas por dos puntos porcentuales, y el oficialismo.
Más de 71 millones de mexicanos forman el censo que decidirá quién sustituirá a Vicente Fox, del conservador Partido de Acción Nacional (PAN), durante los próximos seis años. Esta semana ya no se pueden publicar más encuestas en el país azteca, de 106 millones de habitantes. Los candidatos presidenciales tienen hasta el jueves para hacer campaña. Desde la medianoche del viernes hasta el lunes de madrugada imperará la ley seca. Las fuerzas de seguridad están alerta y los observadores se despliegan para comprobar que la elección transcurra sin incidentes.
El destacado analista Raymundo Riva Palacio titulaba en el diario 'El Universal' su comentario 'No hagan apuestas', lo que refleja lo impredecible de la compleja situación. Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que con otras dos formaciones de izquierda integran la coalición 'Por el Bien de Todos', lidera las preferencias de los votantes con el 36% de los sufragios.
El ex alcalde de Ciudad de México alertó sobre el riesgo de un fraude electoral. Dijo que aceptará los resultados «así sean por un sólo voto» y se comprometió a no convocar movilizaciones si perdiera, pero precisó: «Claro, estamos hablando de un proceso limpio, libre, legítimo, que se debe respetar». El miércoles cerrará su campaña en el Distrito Federal, donde más de 15.000 policías velan por la seguridad.
El antiguo edil, de 52 años, apuntó que su principal rival, Felipe Calderón, de 42, y su partido PAN «andan muy nerviosos» y son «capaces de cualquier cosa» para evitar que triunfe un proyecto que les hará perder sus privilegios. Amlo, conocido así por la abreviatura de sus iniciales, promete un modelo económico similar a otras izquierdas latinoamericanas, pero no quiere comparaciones, en particular con el presidente venezolano, Hugo Chávez, con quien el PAN le relaciona.
«Un Gobierno prudente»
«Cada pueblo tiene su historia. No es lo mismo Brasil o Venezuela que México. Entre otras diferencias nosotros tenemos 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo, donde además viven veinte millones de nuestros compatriotas. Nosotros seremos un Gobierno prudente, respetuoso con todo el mundo», afirmó.
La popularidad de Calderón, ex ministro de Energía de Fox, bajó al 34% tras la acusación vertida por López Obrador el pasado día 6 durante el último debate televisado. El ex alcalde sostuvo, y presentó más documentos después, de que un cuñado del candidato oficialista traficó influencias durante su gestión ministerial.
El domingo, en el acto de cierre de campaña, Calderón se definió como «un rebelde contra la injusticia, la miseria, la dictadura de unos cuantos que pretendieron imponerse a millones de mexicanos». Centró su discurso en López Obrador. Lo acusó de sembrar el odio, de representar a los violentos, ser la semilla del autoritarismo, de representar a los que desprecian las leyes. Se refirió de pasada al escándalo de su cuñado Diego Zavala: «A pesar de las calumnias, de las mentiras, vamos a ganar, porque tenemos las manos limpias y no tenemos cola que nos pisen».
El líder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Mariano Alcocer, había definido a Calderón como un candidato de «manos limpias, pero uñas largas».