José María Aznar aprovechó ayer su viaje a Euskadi para lanzar un duro alegato contra la política antiterrorista de José Luis Rodríguez Zapatero y para descalificar el llamado proceso de paz, que, en su opinión, no es tal sino más bien «un proceso de entrega, sumisión y rendición ante los terroristas». Y advirtió, en este sentido, al PP de que será «insultado» y lo «pasará mal» por oponerse al diálogo con ETA, pero añadió que, igual que aquellos que en su día «no se rindieron» ante el fascismo, el nazismo o el comunismo, «lucharemos y ganaremos». «Lucharemos y ganaremos, y nuestro país será reflejo de la verdad y no del engaño, de la dignidad y no de la claudicación, de la libertad y no de la amenaza totalitaria del terror», redondeó el ex presidente.
El recién nombrado consejero de News Corporation, la empresa del magnate Rupert Murdoch, acudió a Durango para recoger el premio que lleva el nombre del concejal del PP asesinado por ETA hace seis años Jesús María Pedrosa, que le entregó su viuda, Carmen Hernández. La junta local del partido en la localidad vizcaína -que en anteriores ediciones ha concedido el galardón a Gesto por la Paz, los desactivadores de la Ertzaintza y la Guardia Civil y a los periodistas José María Calleja y Cristina López Schlichting- decidió que recayera este año en Aznar «por su trabajo constante en defensa de la democracia y las libertades».
De hecho, la presidenta del PP vasco, María San Gil, que precedió al ex jefe del Ejecutivo en la tribuna de oradores, destacó las virtudes del galardonado y recordó que «contigo aprendimos que matar no tiene premio y dejar de matar tampoco» y que «con la ley en la mano» el Estado de Derecho «siempre es más fuerte que los terroristas». Hoy en cambio, lamentó San Gil, el Gobierno está «flaqueando ante ETA» y la «acción decidida» de la Justicia contra el terrorismo «está únicamente en manos de un juez», en referencia a Fernando Grande-Marlaska.
Por parecidos derroteros transcurrió la intervención de Aznar ante la plana mayor del PP vasco al completo y la familia de Pedrosa. El anterior presidente del Gobierno consideró que la estrategia antiterrorista de su sucesor «ofende la memoria de las víctimas y priva de valor a su sufrimiento» porque, según su interpretación, acepta que la violencia etarra es «consecuencia de un conflicto político» y como tal debe negociarse «en una, dos o tres» mesas, «incita» a dejar de aplicar la ley o a hacerlo «en función de las circunstancias» e incluso contempla a «los gestores del terror» -en alusión a Batasuna- como «futuros aliados de gobierno».
Por todo ello, se reconoció «escandalizado» y, sin citar en ningún momento por su nombre a Rodríguez Zapatero, previno contra los «aprendices de brujo» que están «poniendo en peligro el terreno que España ha ganado para la libertad». También censuró la decisión de los socialistas de reunirse con Batasuna ya que, en su opinión, la formación de Arnaldo Otegi no es más que «el caballo de Troya» que utiliza ETA «para burlar las defensas del orden constitucional».
Así, y en representación de quienes «no estamos dispuestos a rendirnos» ante el terrorismo, concluyó: «Cuando otros dediquen sus miradas estériles a los terroristas, nosotros podremos seguir mirando de frente a los ciudadanos».
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