Hasta hace unos años las vacaciones prácticamente venían circunscritas a un tiempo muy concreto y con unas posibilidades de diversión muy reducidas. En la actualidad las opciones son más variadas, por lo que se puede hacer un planteamiento diverso de esta época de relajación. Hace años el verano se aprovechaba simplemente para romper la rutina habitual y facilitar el descanso, mientras que actualmente, al haber más recursos económicos -junto a la internacionalización que se ha producido también en esta materia-, las vacaciones tienen otras facetas.
Pero no debemos olvidar que este periodo tienen un objetivo fundamental, favorecer una actitud de descanso que permita la recuperación física y psíquica. Planificar un tipo de vacaciones u otro, con todas las combinaciones y matices que puede haber, dependerá del planteamiento de cada persona. Es evidente que el verano habitualmente se relacionan con el descanso. Esta faceta es crucial para aquellas personas que han padecido una situación de estrés o desgaste. El cuerpo humano tiene una capacidad limitada para enfrentarse a un esfuerzo continuo. Su resistencia necesita regenerarse continuamente, pero, si el gasto realizado supera la capacidad de recuperación, es inevitable que se produzca una merma constante en las facultades físicas y psíquicas. No considerar el verano como una ocasión para conseguir esa recuperación podría ser peligroso en estas personas, aunque también sería importante plantear la posibilidad de enseñarles a calcular sus fuerzas y mejorar esa capacidad de recuperación, no sólo en verano, sino también a lo largo de todo el año. Por otro lado, hay que aprender a no llegar excesivamente agotado a ese periodo
El estado de una persona en su vertiente física y psíquica antes de las vacaciones es también un aspecto que debe ser valorado. Aquellas personas con fuerzas bien conservadas pueden optar por vacaciones menos tranquilas. Pero el aspecto psicológico también es importante. Llevamos encima un desgaste propio de la rutina mantenida durante el año, que no tiene por qué ser nociva, pero es cierto que algunas personas necesitan más que otras romper con ella. En este sentido las vacaciones ofrecen la posibilidad de abandonar esa forma de actuar, pero siempre desde un punto de vista de temporalidad, es decir, con el propósito de retomar al acabar ese periodo la vida ordinaria.
Evitar el desorden
La ruptura con la rutina puede ser total, pero nunca debe generar un gran desorden, ya que conseguir adaptarse a la vuelta de las vacaciones resulta en muchas ocasiones una tarea difícil. El desgaste psíquico también puede aparecer por una falta de motivación que al mantenerse en el día a día llega a generar una carga difícil de soportar. Esa desmotivación llega a aparecer cuando los problemas se amontonan o no hay un apoyo personal adecuado. Ante estas circunstancias, las vacaciones suponen una oportunidad para recuperarse.
Además de todo ello, en las vacaciones se puede encontrar un recurso para conseguir una motivación ausente durante el resto del año, pero sin que por ello se olvide la necesidad de buscarla también en la vida habitual.
Optimizar el tiempo
Cada vez nos preocupamos más por sacar el máximo provecho del mes feriado. Obtener ese rendimiento dependerá de los objetivos que nos planteemos. Para algunas personas, conseguir un periodo de descanso durante el que poder seguir un ritmo de vida tranquilo y tener tiempo libre para las aficiones puede ser suficiente.
Para otros, en cambio, sacar partido a este periodo vacacional supone poder realizar viajes u obtener experiencias que no pueden conseguirse durante el resto del año. De todas formas, conviene en todo caso no hacer planteamientos irreales de las vacaciones. Hacerlo puede provocar pensamientos de frustración o desencanto a la hora de vivir ese periodo o volver a la vida ordinaria. Para una persona que ha sufrido un desgaste físico o psíquico, es suficiente un planteamiento relajado de las vacaciones durante las cuales prima esa recuperación. En cambio, para las personas que desean romper una rutina o buscar un estímulo, son más planteables unas vacaciones que incluyan algún tipo de viaje o la posibilidad de adquirir nuevas experiencias.
Siempre hemos de tener cuidado de no destinar a ese tiempo una cantidad de dinero que se encuentre por encima de sus posibilidades y que a nuestra vuelta nos pueda multiplicar el estrés.