5.000 de las 61.000 personas encarceladas en España (8,2%) toman drogas con frecuencia, aunque ese consumo era mucho mayor antes de ingresar en prisión; de hecho, el 42% había probado ya la heroína y el 59% la cocaína. Una vez dentro, la disponibilidad de las sustancias marca la pauta toxicológica, que se centra en algunas más accesibles, como el cannabis y los tranquilizantes. Así se desprende de la Encuesta sobre Salud y Drogas entre los Internados en Prisión (ESDIP 2006), que ofrece varias lecturas pero que la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, resumió en un mensaje: «La droga es la peor condena».
Gallizo admitió que todavía sigue entrando droga en las cárceles, aunque la población reclusa consumidora de heroína, tranquilizantes, éxtasis y alucinógenos ha disminuido. Crecen, en cambio, los consumidores de alcohol.
Los datos demuestran que la población penitenciaria en España presenta un perfil clásico de marginalidad, en su mayor parte hombres (92,2%), con un nivel cultural bajo y carencias económicas superiores a la población general. El 74% tienen menos de 40 años, pero se observa un envejecimiento progresivo. El 30,6% son extranjeros y la mayoría, un 53%, lleva más de 6 años recluido en un centro penitenciario.