Iñaki Azkuna se mantiene firme en su idea de meter en cintura a los comerciantes que no se suman a la reforma del mercado de La Ribera, pese al malestar que han generado en la plaza sus recientes declaraciones sobre la posibilidad de obligarles a dejar sus puestos si siguen en sus trece. En una entrevista concedida a Bilbovisión, el alcalde lanzó una nueva advertencia a quienes no están dispuestos a compartir los gastos de la obra. Por eso, reiteró, «sin amenazas ni chantajes», que los minoristas «que no quieran estar ni contribuir» a la modernización del edificio «no pueden seguir ahí». Gráficamente, aseguró que la plaza de abastos se encamina al declive: «La Ribera no aguanta una inspección sanitaria».
Fue una descripción contundente, pero no hecha a la ligera. El alcalde recordó en la entrevista, emitida el jueves en el programa Ciudadanos, que el Ayuntamiento había cedido la gestión del mercado a los comerciantes hace cuatro años. Hasta entonces, dependía de la concejalía de Salud y Consumo. Cuando se firmó el acuerdo de autogestión, matizó, el Consistorio renunció a cobrarles el alquiler durante siete años.
Azkuna volvió a exigir a los comerciantes que lleguen a un consenso para echar adelante con la reforma lo antes posible. «Hay 75 comerciantes a favor y 20 en contra; se tienen que poner de acuerdo». En caso contrario, advirtió, «el Ayuntamiento tendrá que tomar medidas».
No le convenció la petición de los minoristas para que el Ayuntamiento sufrague la reforma. Si se hiciera así, explicó, permitiría a cualquier vecino de la ciudad a optar a la gestión de un puesto del mercado porque, al día de hoy, ninguno paga renta al Consistorio. Azkuna hizo hasta sus propias cuentas, a 48.000 euros la obra en cada puesto: «tienen que pagar a 35 años. Les sale menos que comprar una lonja en las Siete Calles».