Un total de 535 niños de origen bielorruso y ucranio de entre 5 y 17 años han llegado este verano al País Vasco. De ellos, casi 200 han recalado en Vizcaya, junto a varias monitoras, para pasar unos días junto a sus familias de acogida. Para muchos, ésta no es la primera vez y casi todos repiten en el mismo hogar. La asociación Chernóbil, que lleva años alejando durante la época estival a cientos de pequeños que viven en las zonas afectadas por el escape de la central nuclear, dio la bienvenida a 315 chavales entre cinco y diecisiete años el pasado 23 de junio.
Esta entidad social ya se encuentra inmersa en quince tipos de actividades «para todos los gustos», entre las que se encuentran paseos a caballo por Lasarte o a bordo de un barco en Zierbena, subidas al Gorbea, visitas a museos, fines de semana en albergues... «A las familias les sirve para contrastar experiencias y consultarse esas pequeñas dudas o inquietudes que no les parecen lo suficientemente importantes como para llamar a la asociación», explica el voluntario Enrique Angulo. Él mismo ha 'adoptado' a tres niñas del Este: Natacha, de diecisiete años, y las mellizas Luda e Irina Petujova, de cinco. «Hay cosas para las que no tienen fondo, como la fruta. Da igual que hayan comido hace cinco minutos, siempre les queda espacio para una naranja», apunta Enrique con una sonrisa.
La mayoría de estos jóvenes «no vienen con enfermedades desarrolladas», pero sí con una notoria «deficiencia en su sistema inmunológico», advierte el voluntario, por lo que un aporte extra de vitaminas en su alimentación resulta decisivo para que los pequeños puedan afrontar con mayor energía las duras condiciones que les esperan de vuelta a casa.
Países del Este y África
La ONG Izaki, que ya lleva 13 veranos organizando estas acogidas solidarias desde su sede de Salvatierra, ha notado un claro incremento en el número de niños que han viajado desde Bielorrusia para pasar sus vacaciones. Este año habrá 105 repartidos entre los tres territorios. Once de los catorce niños que residirán en Vizcaya lo harán en la casa parroquial de Plentzia hasta el próximo 3 de agosto, pero todos ellos visitarán el Guggenheim, La Rioja y darán clases de castellano.
También la asociación vitoriana de la parroquia de la Sagrada Familia cuenta con su propio programa de acogida desde hace más de una década, pero este año la demanda ha sido tal que les ha desbordado y no ha quedado más remedio que dejar decenas de familias en reserva.
Son miles los niños procedentes de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y de campamentos de refugiados de África que vienen a pasar una temporada en compañía de familias vascas , ya sea para recibir atención sanitaria o con el propósito de mejorar su formación. La mayoría proceden de territorios colindantes a Chernóbil y el Sáhara. Las agrupaciones son las que lidian con los complicados trámites burocráticos muchos meses antes de la llegada de los pequeños y la mayoría también se hace cargo de los gastos del viaje. Aparte de hacerse cargo de su manutención, a las familias no se les exigen más compromisos que el de no iniciar los trámites de adopción.