Sestao vivió ayer un duelo singular. En el terreno de juego, no estaba el histórico River. Ni tampoco el San Pedro. Quienes pisaban el césped de Las Llanas ni siquiera eran futbolistas, sino simples aficionados al deporte rey. Los jugadores en liza en cada equipo compartían algo más que su pasión por el balompié: el peso. En un lado, estaban los gordos. En el otro, los flacos. Vestidos de corto, ninguno de los 40 protagonistas del partido era poseedor de un físico atlético. «Puedes rendir a gran altura sin ser el prototipo de deportista. Fíjate en Ronaldo. Le sobran sus kilitos», bromeó Javier Arribas, seguidor incondicional del bando obeso. Para atajar el agotamiento, cada tiempo de juego duró media hora.
No hay más que echar un vistazo al Mundial de Alemania para percatarse de que el fútbol mueve a las masas. Si al juego vistoso le unimos la comedia, el resultado es todavía más explosivo. En la cita sestaotarra, las risas estaban garantizadas. Por eso más de 1.000 hinchas se dieron cita en el campo. Y eso que hacía muchos años que no se disputaba el curioso encuentro, nacido en la década de los 50 como un acto más de los 'sampedros'. Los comerciantes del municipio han recuperado la tradición y, de paso, le han dado un toque benéfico. La recaudación ha sido donada a la Asociación de Disminuídos Físicos de Sestao (ADFISE).
Jugada tras jugada, las parodias salieron a relucir sobre el césped. Entre las 'pifias' de los jugadores, sus travesuras, la poca diligencia del árbitro y el humor del locutor, pocos se resistieron a la carcajada. «¿Qué pasada! Pero si el lateral derecho de los gordos está cojo y tiene 60 años...», alertaba una incrédula Arantza de Miguel, ama de casa reconvertida a seguidora de los delgados. «Es que tengo un familiar en el equipo», se sinceró. Lo único serio estuvo en el inicio. Hubo banderas de los clubes sestaoarras, aurresku y saque de honor a cargo de Roberto Martín, destacado artista local.
Reglas improvisadas
Jugaron once contra once -menos algunos confusos minutos-. Pero las reglas prácticamente fueron inexistentes. Salvo excepciones, no había faltas. Sólo se paraba el juego si alguien tocaba el cuero con la mano o había saques de banda y esquina. Bueno, también si había 'piscinazo' de algún jugador, incluido el portero. «Se ha tirado descaradamente. Es libre indirecto dentro del área», indicó el colegiado a los diez minutos del duelo. Los gordos desperdiciaron una ocasión de oro para adelantarse en el marcador. Más si cabe, teniendo en cuenta que los delgados se situaron uno detrás de otro en una barrera un tanto arriesgada.
Luego vino un penalti inexistente a favor de los flacos. Fue 'La Perla', hombre muy conocido en Sestao, quien tomó la responsabilidad. Tiró tan suave y centrado que el esférico entró gracias a una acrobática estirada del portero. «Aquí, cuanto peor lo hagas, mucho mejor. Es la consigna para divertir al público», explicó José, uno de los hombres con más experiencia en estos lances. Tal vez por este motivo, fue objeto de numerosas faltas por parte de los delgados. No hubo manera de que cayera al suelo, seguramente por la diferencia de peso con sus contrincantes.
Los obesos se mostraron con un muro infranqueable en defensa, pero indolentes en ataque. «Los nuestros son más difíciles de derribar», remarcaron varios seguidores de un equipo pasado de kilos que aguantó bien el tirón físico. Para no cansarse, los gordos habían llegado en camión al estadio.