El Correo Digital
Lunes, 3 de julio de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Una grieta en el Islam
La noticia es de hace unos días y resulta demoledora para cualquiera que pretenda tener una idea esperanzadora y edificante sobre el destino de la Humanidad. Somalia, una de las naciones más miserables del mundo, ha vivido varias jornadas sumida en el colapso político porque el Gobierno ha prohibido en nombre de la religión islámica la difusión televisiva de los mundiales de fútbol. En Mogadiscio las multitudes se echaron literalmente a la calle ante tamaña injusticia de no poder ver correr un balón en las teles en color de los suburbios y se vivió una situación prerrevolucionaria. El número y la grave intensidad de los disturbios han llegado a cuestionar la propia estabilidad del régimen. Bien, de acuerdo, admitámoslo aunque sea humillante: el caso de la rebelión futbolística-somalí constituye la primera grieta seria que sufre un mundo que -como el del Islam- se nos había presentado hasta ahora como compacto y exento de fisuras. Ni el hambre ni la sed ni la conciencia de clase ni los ideales de justicia social ni el afán de libertad habían logrado algo semejante ¿No resulta dramáticamente paradójico -por no decir sangrantemente grotesco- que haya tenido que ser el fútbol, el dichoso fútbol, la demanda del puto fútbol televisado la que haya dado lugar al primer síntoma de rebelión contra el orden político totalitario y teocrático de un país tercermundista? ¿No es realmente so- brecogedor que la primera y única noticia que uno tiene de una contradicción que se hace efectiva y problemática en todo el extenso, denso e inmenso universo musulmán venga precisamente por una cuestión tan banal, tan frívola, tan primermundista como la televisión y la retransmisión de los mundiales de fútbol?

Ni las prohibiciones ni las imposiciones, ni las censuras ni los velos, ni las fatwas contra los impíos ni los atentados contra 'gentiles' ni las ejecuciones de inocentes ni las lapidaciones de mujeres, ni la represión política ni el paro ni la desnutrición habían provocado nunca una reación similar en esa capas populares y modestas. Nada de eso creó el menor temblor ni resquebrajamiento en el férreo y pétreo fundamentalismo islámico. Y han tenido que ser los mundiales, la televisión, la afición a ver moverse una pelota sobre el césped los que han traído la indignación de los parias de la Tierra. A mí esta absurda noticia, esta pijo-revolución de los somalíes lo que me demuestra, lo que me dice, lo que me evidencia es que la Humanidad somos un asquete deprimente en su conjunto, así como que de inspirar decepción y tristeza no nos libramos nadie. Y también me prueba que los pobres no siempre tienen la razón como los clientes, no siempre encarnan las esencias y bondades de la utopía, no siempre son de izquierdas Hay gente que no es que sea de izquierdas. Es que es sencillamente pobre.



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