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Lunes, 3 de julio de 2006
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CULTURA
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Encanto tras el escenario
Tres amigas vitorianas de 11 y 12 años cumplen con enlaCe su ilusión de conocer a uno de sus grupos de música favoritos, La Oreja de Van Gogh
Encanto tras el escenario
DE RECUERDO. Las tres fans se fotografiaron con sus ídolos poco antes del concierto. / NURIA GONZÁLEZ
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Como muchos otros sábados por la tarde, Lucía Martínez de Salinas, Laura Guinea y Anne Hermosa se preparaban anteayer para salir a dar una vuelta. El viernes ya se habían despedido de su otra amiga, Usua Azkurreta, que se marchaba de colonias.

Sin embargo, algo era distinto para estas tres alumnas vitorianas de 11 y12 años del colegio Marianistas. La primera sorpresa fue la aparición de la madre de Lucía, Toñi, para llevarlas hasta el pabellón Buesa Arena. Una vez allí, las sospechas comenzaron a aflorar.

Los nervios se desataron del todo cuando en el pasillo cercano a los camerinos vieron asomar una cara muy conocida. Se trataba de Haritz Garde, batería del grupo pop español por excelencia, La Oreja de Van Gogh que esa misma noche presentaban en Vitoria su último trabajo, 'Guapa'.

El quinteto donostiarra atendió la petición de EL CORREO para conocer y dar una sorpresa a las amigas. «Haritz parece muy normal, si me lo cruzo por la calle ni lo reconozco», susurró Anne. Y eso que el quinteto donostiarra es uno de sus grupos favoritos, más que eso, todo un ejemplo a seguir. Porque la pasión por la música corre también por las venas de Lucía, Laura, Anne y Usua que, entre clase y clase, han fundado su propio grupo, Girls Allur Revolution.

Con esfuerzo «y mucho ensayo», ya han compuesto sus tres primeras canciones tituladas: 'Revolution', 'Extraterrestre' y 'Dime tú'.

«Morro y diversión»

Mientras enumeraban sus creaciones y repasaban algunas preguntas para Amaia, Pablo, Xabi, Álvaro y Haritz observaban sin dar crédito el trajín previo al concierto. Familiares, amigos y numerosos fans del grupo se agolpaban para saludarles y desearles suerte. La inquietud de las estudiantes aumentaba. Por fin, una hora después, llegó el gran momento.

Sus ídolos les aguardaban en el camerino. Fue entonces cuando la emoción las dejó mudas y sólo acertaron a presentarse con dos besos. Naturales y simpáticos, los donostiarras desplegaron todo su encanto para estas jóvenes fans. Mientras Amaia se afanaba en firmarles autógrafos, Pablo Benegas se interesaba por sus pinitos artísticos. «¿Cómo os va? ¿Bailáis también?». Lucía, Anne y Laura sólo acertaron a asentir brevemente.

Acuciados por el tiempo -faltaban diez minutos para el concierto-, La Oreja de Van Gogh se despidió con sus mejores deseos y un sabio consejo: «Echadle mucho morro, seguid juntas y, sobre todo, divertíos, es lo más importante».

Como último regalo, acceso gratis al concierto, donde vibraron como el resto de los 7.000 espectadores, mientras la cantante animaba al público a adquirir los productos de 'merchandaising', cuyos beneficios van destinados a la ONG Intermón Oxfam.

Al filo de la medianoche, el hechizo aún permanecía. «Son encantadores, sobre todo Pablo», piropearon entre risas, pensando en el momento de contárselo a sus compañeras. «No se lo van a creer», añadían. La única pega, la falta de Usua: «Pero se lo contaremos todo, ¿eh? Algo así no se puede olvidar».



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