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Lunes, 3 de julio de 2006
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CULTURA
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Memorias de la ciudad herida
Memorias de la ciudad herida
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Resulta complicado eludir el asunto de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York en la conversación con una persona que estuvo allí aquel día negro. Eduardo Lago recuerda el dolor y las dimensiones de la catástrofe, pero rememora también la dignidad y la actitud de recuperar el ánimo de los neoyorquinos, a quienes define sin ambages como «una raza especial» en Estados Unidos. Esa disposición a colaborar y, al mismo tiempo, a mantener su actitud liberal y abierta mientras en el resto del país llovían los mensajes militaristas o xenófobos es, a juicio del profesor, una de las características que definen a los habitantes de la 'Gran Manzana'.

«Lo peor ha pasado ya, aunque fue un golpe fortísimo que no se entiende bien si no se vive allí. La primera consecuencia de Estados Unidos tras el 11-S es que se cerraron, pero un neoyorquino no es como el resto de los estadounidenses. Un neoyorquino jamás aceptará algo como Guantánamo ni que se recorten las libertades, y por eso la ciudad sufre con el ambiente nacionalista y patriotero de sus gobernantes o la xenofobia».

De esos tiempos es también el lamento ante lo que, para muchos, fue la oportunidad perdida de las elecciones de 2004, cuando George Bush arrasó las aspiraciones de John Kerry. «Sólo California y Nueva York se resistían a la victoria de Bush», recuerda, aunque se resiste a dar por perdido un país hacia el que los europeos mantienen una actitud ambivalente de odio y amor.

«Hay un antiamericanismo sano, yo lo tengo, porque hay muchas cosas que criticar, pero si vives allí comprendes que Estados Unidos es un gran país, la cuna de la democracia, y ya ha vivido épocas oscurantistas. Pero mi país es el Estados Unidos de Walt Whitmann, el del canto a las multitudes y la democracia. Y lo volveremos a ver», concluye.



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