El terrorista jordano Abú Musab Al-Zarqawi, asesinado el 7 de junio en Irak en un ataque de EE UU, fue «vendido» en un «pacto secreto» en el que participaron clanes tribales suníes, que exigieron a cambio que las tropas norteamericanas atenuaran la caza de Bin Laden. Así lo aseguró Um Mohammed, primera esposa del líder radical, en una entrevista que publicó ayer 'La Repubblica'. La mujer se mostró segura de que el destino del jefe insurgente en el país del Golfo «estaba marcado» y aseguró que cuando le conoció «jamás» pensó que aquel hombre se convertiría «en un sanguinario».
«Creo que se selló un pacto secreto que tenía como objetivo inmediato su muerte. La contrapartida era el compromiso, por parte de las tropas norteamericanas, de atenuar temporalmente la caza de Bin Laden. Al-Qaida en estos momentos está preocupada, sobre todo, en proteger a su líder carismático», contó la primera esposa del terrorista.
Preguntada por quién habría alcanzado el acuerdo, la mujer dijo que las milicias de la resistencia iraquí, la cúpula de la organización islámica y los servicios de inteligencia estadounidenses, «a través de las tribus suníes que le protegían». Mohammed, nacida en Jordania, también implicó a los servicios secretos jordanos.
Sobre su «marido», como le llama durante toda la entrevista, aunque llevaban años separados, dijo que «tenía un carácter fuerte, magnético, pero no parecía inclinado a la violencia. Era un hombre carismático y determinado, que no se separaba nunca del Corán».
Mirando a La Meca
Por otra parte, el destino del cadáver de Al-Zarqawi ha dejado de ser un misterio. Según reveló ayer el consejero de Seguridad Nacional iraquí, Muafeq al-Rubei, el fallecido líder de Al-Qaida ha sido finalmente enterrado en Bagdad. Sin embargo, se desconoce el lugar exacto de su tumba y el día que recibió sepultura. El funeral se desarrolló «de acuerdo con los rituales islámicos», dijo Al-Rubei.
La tradición del islam manda que un cadáver sea lavado, envuelto en una tela blanca sin costuras, enterrado sin ataúd y mirando a La Meca. Todo ello, tras recitar una serie de plegarias específicas.