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Lunes, 3 de julio de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Libre decisión
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El 15 de febrero de 1990, el Parlamento vasco fue escenario de un debate sobre la autodeterminación. La caída del muro de Berlín, el inicio de la desintegración del bloque soviético y un debate similar desarrollado en el legislativo catalán animaron a PNV, Euskadiko Ezkerra y Eusko Alkartasuna a plantear la cuestión en la Cámara de Vitoria. El PSE hizo una campaña previa de propaganda en la prensa, con artículos de Ramón Jáuregui y Fernando Buesa, en la que se utilizaba el lema «la autodeterminación es la vía a la independencia», porque entonces a la autodeterminación todos le llamaban autodeterminación, como se comprueba al repasar la transcripción del debate.

La palabra todavía no había sido sustituida por eufemismos del tipo 'respeto a la libre decisión de los vascos' o 'reconocimiento del derecho a decidir' que en la actualidad se usan como sinónimos de autodeterminación, aunque sin la carga conflictiva que tiene este concepto.

En el proceso que llevó a la entronización de los eufemismos en lugar de la idea original tiene mucho que ver el comunicado de ETA del 26 de abril de 1995, en el que, aprovechando que asumían el intento de asesinato de José María Aznar, se reclamaba al Estado «respeto de los resultados del proceso democrático que se abrirá en Euskal Herria» y se añadía que no se debían «imponer límites a la palabra del pueblo». En el mismo texto se insistía en que «Euskal Herria debe tener la palabra», y que «lo que corresponde al Estado español es respetar lo que deseamos y decidamos los ciudadanos vascos». ETA abrió el camino y el conjunto del nacionalismo asumió las nuevas formas de llamar a la autodeterminación.

La semana pasada, el presidente del Gobierno se adentró en ese jardín conceptual del nacionalismo al afirmar que el Ejecutivo respetará las decisiones de los vascos, dentro de las normas y procedimientos legales. En ese discurso, a José Luis Rodríguez Zapatero le faltó añadir que respetará esas decisiones, como siempre han hecho los gobiernos democráticos españoles, en clara contraposición a la organización terrorista ETA, que nunca ha respetado la voluntad de los vascos. Tuvo que ser Patxi López quien, el sábado, pusiera sobre las íes los puntos que se habían caído del carné de Zapatero: «Que se deje de preguntar a los socialistas si respetamos lo que decidamos los vascos en el futuro porque lo hemos hecho siempre y lo haremos cuando se produzca dentro de la legalidad. Y empiecen a preguntarse ellos si respetan lo que ya hemos decidido a los largo de estos casi treinta años de democracia».

La falta de esa precisión hace posible que a las palabras de Zapatero se le estén dando interpretaciones diametralmente opues-tas.



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