El Correo Digital
Viernes, 7 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
VIZCAYA
EL BAFLE
A cuatro baquetas
Se rozó el lleno en la quinta y última gran cita del XXX Festival Internacional de Jazz de Getxo, cuyo cartel ha crecido sobremanera en calidad e interés desde que ha abandonado los límites europeos para convertirse en completamente internacional. Y es que, cuando menos, resulta extraño restringir la participación de los artistas yanquis, creadores pioneros y máximos exponentes actuales del magno género. Así, antes no habría podido cerrar el certamen el baterista americano Billy Cobhan, que actuó en asociación con el violinista francés Didier Lockwood, que arrastra el sambenito de ser discípulo de Stéphane Grappelli, cuando es capaz de ir mucho más allá.

Fue un concierto eléctrico, conjuntado y medido, leído a través de atriles que señalaban lo extraordinario de la reunión. El lucimiento instrumental de los cuatro músicos no pecó de ombliguista, aunque claro que cayó algún lapso pedante, y el repertorio discurrió de forma homogénea aunque, paradójicamente, también libre. Desde el swing con base acerada y acelerada hasta la fusión rutilante, entre melodías baladísticas (sólo una vez se frisó lo convencional) y pasajes étnicos combinados en periplos progresivos que jugaron con la técnica de Jeff Beck al meter un pedal wah-wah al violín, Lockwood y Cobham cedieron gran protagonismo a sus escuderos, bajo y guitarra, aunque el metrónomo humano Cobham, capaz de castigar los parches y acariciar los platos, se marcó un solo con cuatro baquetas en 90º de quitarse el sombrero.



Vocento