DE CUANDO EN CUANDO OLMO El señor García y un servidor decidimos dar un paseo por el parque para contemplar esa nueva escultura que han colocado junto al Museo de Bellas Artes, sin duda con la intención de añadir un nuevo adorno a la zona donde se alza el bello, sobrio y elegante edificio del museo, uno de los más prestigiosos de España. Según dicen, el segundo en categoría, después del Museo de El Prado.
Para los que gusten de contemplar obras de arte, les sugerimos que vean primero esta escultura nueva, e incluso la otra del mismo autor que han plantado en la trasera del museo, y después visiten el Museo de Arte Moderno. No se recomienda hacerlo al revés, porque si después de salir del museo saboreando el recuerdo de sus obras de arte se enfrenta el visitante con ese bloque de hierro roñoso que han plantado en el paseo o contempla esas chapas colocadas detrás del museo que parecen sacadas de algún almacén donde se desguazan barcos, el efecto puede resultar contraproducente. Mas vale ver primero lo extraño y después lo concreto. Primero los 'carajos' y después lo otro.
¿Se pueden calificar de esculturas este tipo de 'carajos'? Creo que sí, ateniéndonos estrictamente a la semántica, y como prueba les ofreceré en primer lugar la definición que el diccionario hace de la palabra escultura. Copio: «Arte de modelar, tallar o esculpir en barro, piedra, madera etc., figuras de bulto». ¿Y qué se entiende por bulto?. Leamos: «Bulto. Volumen o tamaño de cualquier cosa».
Leídas las definiciones anteriores y teniendo en cuenta que los dos 'carajos' del parque tienen volumen y tamaño (términos incluidos en la acepción de escultura) y pueden ser cualquier cosa (frase que figura literalmente en la definición de bulto) hemos de considerar a ambas obras como esculturas. Incluso con más derecho que 'La Piedad' de Miguel Ángel o 'El pensador' de Rodin, porque tienen más bulto.
No hace mucho paseaba yo por las calles de Oviedo y disfrutaba contemplando las bonitas figuras en bronce repartidas por sus calles, representando a personas y personajes típicos y populares. Y mientras paseaba y contemplaba, las comparaba con nuestros 'carajos' y pensaba que una de dos: o los ovetenses tienen más gusto que nosotros o no se han enterado de que existe el arte moderno y viven aún anclados en el pretérito.