El Correo Digital
Domingo, 9 de julio de 2006
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OPINIÓN
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Doble rasero
En general las nuevas normas que regirán el control del carné de conducir no han caído mal en la sociedad, horrorizada como está de la sangría que cada semana se produce en las carreteras españolas. Aunque tampoco es difícil encontrar personas que están en contra del carné por puntos. Y es que llevamos unos años que se haga lo que se haga, siguiendo las directrices de quienes están empeñados en creer que todo lo que hace este Gobierno está mal, oímos mas descalificaciones e insultos cuando lo que se intenta es poner fin a unas muertes que nos ponen, por una vez, a la cabeza de Europa.

Conducir un poco preocupados por lo que vamos a hacer, pendientes de la velocidad, de no dejarnos llevar por el entusiasmo o la prisa y no permitirnos leves infracciones que en otro tiempo nos habrían parecido normales, hemos de creer que va en aumento de la seguridad vial. Y el hecho de que dejemos de pensar que a nosotros no nos puede pasar nada por rápidos que vayamos y por copas que llevemos en el cuerpo, nos guste o no, asegura la tranquilidad de tantos ciudadanos que conducen con cuidado y que de su comportamiento responden, pero que de ningún modo pueden hacerlo del de los demás. Porque es triste que la gente pierda la vida conduciendo sea porque toman una curva con exceso de velocidad, sea porque el alcohol o la cocaína que llevan en vena les haga ver que todo camino es un camino de rosas, pero aún más lo es que la pierda el ciudadano que no comete infracción ninguna y que de pronto es víctima de un choque que no estabas en su mano evitar.

Sin embargo, lo que no comprendemos nadie, me parece, es que los coches que están en el mercado, todos ellos, puedan alcanzar velocidades de 250 kilómetros, 300 o incluso 400, pisando un dispositivo para el que el usuario ni tiene permiso ni facilidades para poner en marcha, lo cual supone una tentación constante que me gustaría saber a quien beneficia. Por otra parte, la publicidad de los coches es asimismo un delirio: potencia, siempre potencia en carreteras donde no circula absolutamente nadie se presentan como un argumento de venta. ¿En qué quedamos? Está prohibido ir a más de 150 kms/hora o no lo está? Y si lo está, por qué se permiten esos anuncios o por qué no se controlan en fábrica todos los dispositivos de velocidad que puedan sobrepasar a velocidad permitida?

Son las incongruencias de las leyes que tantas veces practican el doble rasero. Como la moral de nuestro tiempo, como los derechos humanos, como tantas otras cosas.



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