El Correo Digital
Domingo, 9 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Accidente en el metro
Son las 19.30 horas. Estoy siguiendo por televisión el funeral por las víctimas del accidente con presencia de los Reyes y el presidente del Gobierno. Oigo a la Iglesia y sus obispos decir que «la vida es un misterio» -también el accidente-. Que es «un triunfo del mal porque somos ovejas de matanza». Y el Señor duerme. ¿Por qué duerme el Señor? -preguntan los obispos-. ¿Por qué el Señor ha permitido éste accidente? -siguen preguntando-.

Soy ferroviario desde hace 25 años, maquinista de tren, conductor de metro. He conocido accidentes, he conocido explicaciones extemporáneas y oficiales de ellos, incluso en el Parlamento. Y amenazas de despido a trabajadores por defender la verdad. Todas las explicaciones derivaban del 'fallo humano', nunca de situaciones de deterioro de las líneas, de falta de inversión o de condiciones de trabajo. Y es que es la era de la 'liberalización-privatización' de los transportes públicos, donde la rentabilidad y el cumplimiento del 'índice de cobertura' ordenan y mandan. Ninguna empresa ferroviaria, ningún gobierno de turno van a reconocer que los servicios públicos no merecían la máxima dotación política y económica que con criterios de rentabilidad social se merece una actividad como el transporte público. Pero nadie va reconocer sus responsabilidades.



Vocento