¿Cómo es posible que el cabeza de serie número dos del torneo llegue a la final por sorpresa?, se preguntaba el viernes el ex campeón estadounidense Jimmy Connors, tras comprobar que Rafael Nadal había llegado a la final de Wimbledon tras vencer al chipriota Marcos Baghdatis.
Es cierto. Las victorias de Nadal en la sesión de tierra batida obligaron a los organizadores del torneo a olvidar su peculiar manera de adjudicar las cabezas de serie de acuerdo con su historial en las pistas de hierba, pero casi nadie pensaba seriamente que pudiese llegar a la final.
Pero ha ocurrido. Y las explicaciones son científicas. Andy Roddick, el americano que ha llegado a dos finales de Wimbledon con el arma de un saque portentoso y la volea y que le correspondía a Nadal en su avance en el cuadro, decía tras caer contra Andy Murray que antes le bastaban tres pelotazos. Ahora, se los restan.
«Preguntad a los veteranos para que veáis que no estoy llorando como un bebé», dijo Roddick, que cuenta con el aval de los jugadores con más experiencia. Hay acuerdo en que las condiciones de juego en Wimbledon han variado e incluso se habla de una conspiración para mejorar el espectáculo.
Semillas
La hegemonía de Peter Sampras produjo aburrimiento. Antes ya hubo sacadores feroces que se imponían al resto -ninguna otra virtud parecía tener Roscoe Tanner, aunque fuera derrotado en la final de 1979 por Bjorn Borg, un especialista también en la tierra batida-, pero lo de la época reciente era demoledor.
Wimbledon replantó la hierba tras la final que Goran Ivanisevic ganó a Patrick Rafter en 2001. Tradicionalmente, el césped de las pistas crecía de una mezcla de semillas de ballica, también conocida como raigrás inglesa, y una variedad de festuca. Se replantó todo con semilla de raigrás. Y el bote en las pistas es más alto.
No es cierto, dicen los organizadores. Lo que ocurre es que los tenistas de antes subían más a la red y gastaban la hierba, de tal modo que, al final del torneo, el bote era más bajo y más irregular. Ahora, la hierba queda mejor y el bote es más alto. Como nadie puede medir estas cosas con exactitud, se especula.
También con el cambio de las bolas, que son ahora más pesadas que en el pasado. Pero no ha habido cambio en las especificaciones de las bolas Slazenger que utiliza Wimbledon desde 1985. ¿Será entonces el cordaje de las raquetas, que también es más fuerte, su tamaño, más grande? ¿Favorece todo eso a tipos como Nadal?
Cifras
Lo cierto es que este año había tres tenistas españoles en octavos -Verdasco y Ferrero, además de Nadal- y que la gente piensa que algo habrá ocurrido además de la mejor preparación para el torneo. La de Nadal no fue extraordinaria. Un día después de ganar en París, se fue a Londres a practicar en la hierba. Llovía.
Ganó el partido de primera ronda en Queen's, antesala de Wimbledon, pero en segunda ronda sintió molestias en el hombro y se retiró. Se fue dos días a Mallorca y regresó. Practicó cada día durante la semana previa al torneo. Más importante que todo eso es su capacidad para adoptar cambios en el juego.
Según los datos del programa de ordenador Ojo de Halcón, Rafael Nadal se colocó durante los puntos que disputó en Roland Garros a un promedio de 3.5 metros por detrás de la línea de fondo. En Wimbledon está sobre la misma línea. Es un cambio extraordinario y que exige otros, como el retorno con corte de revés alto.
El afán es atacar más, acabar pronto el punto. Un dato sorprendente: Nadal ha subido más a la red que Roger Federer durante los partidos en este torneo. Ha metido más primeros servicios (69.3%) que el suizo (64.1%). Aunque los saca más lento. Sus primeros, a un promedio de 168 km/h. Federer de 178. Los segundos, a 138. El suizo, a 150.
Son cifras que confirman el cambio de Nadal, pero también que hoy se enfrenta a un tenista idóneo para la hierba. Que no ha perdido en 47 partidos en hierba, que ganado la final en tres años sucesivos, que ha jugó en la semifinal un tenis casi perfecto y que ha perdido los últimos cuatro duelos seguidos con un Nadal que le sigue llamando el rey de la pista de hierba antes de intentar destronarle.