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Domingo, 9 de julio de 2006
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Euskadi azteca
Los vascos afincados en México vivieron con indiferencia las últimas elecciones presidenciales, sin mostrar preferencia por ninguno de los candidatos
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Un grupo de manifestantes descontentos con los resultados de los comicios protestan ante el Instituto Federal Electoral. / EFE
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Los últimos comicios de México fueron vividos con intensidad, pero también con confianza. Y no sólo por los mexicanos de nacimiento. Entre los electores o simples observadores hay un nutrido grupo de ciudadanos originarios del País Vasco.

Eduardo Ormaechea es odontólogo y presidente del Centro Vasco del país norteamericano por segunda vez. «Soy nacido en Bilbao, a mucha honra» y añade: «Voto allí y voto aquí». En una conversación con EL CORREO, sostiene que la jornada electoral fue tranquila, y que incluso ahora, «la ciudad está en calma. A nivel de prensa, radio y televisión es donde se oyen más comentarios, pero en la calle, todo está en sosiego y no hay ningún sobresalto».

Ormaechea, con un marcado acento mexicano, dice que entre «la sociedad vasca no hay nada mejor que esas tertulias que se forman después de una comida o tras una reunión, y en las que cada cual se expresa».

Los electores creen que las cosas seguirán su curso, pero que las manifestaciones callejeras no van a faltar. Generalmente, los perdedores siempre muestran un poco más la inconformidad, pero el clima es normal. «Los comicios han sido democráticos. La cuestión es saber ganar y saber perder, ésa es la democracia. No ha habido una enorme diferencia entre un partido y otro, pero en democracia se puede ganar hasta por un voto o dos», comenta.

«El Centro Vasco de México está en calma, esperando que mañana (por ayer) festejemos San Fermín con 150 personas. Además, en tan sólo unos días vendrá el coro de la Universidad del País Vasco y luego el de Leioa. En fin, estamos en celebraciones veraniegas», dice jovial y animado.

Iñaki Ruiz no puede votar, pero después de casi más de seis años en México, primero en el BBVA y ahora como delegado del Gobierno vasco, ha vivido muy de cerca todo el proceso electoral. Asegura que entre la comunidad vasca residente desde hace muchos años en el país azteca hay «distintas sensibilidades, unos pro panistas (Partido Acción Nacional, PAN) y otros perredistas (Partido de la Revolución Democrática, PRD). Entre estos últimos, hay un núcleo bastante fuerte porque son descienden de republicanos que perdieron la guerra y más progresistas».

Buenas relaciones

Ruiz asegura que en el país impera la tranquilidad. Recuerda que antes «siempre ganaba el mismo partido, ya en 2000 se dio la renovación. Ésta es la primera vez que no es el PRI (Partido Revolucionario Institucional que gobernó durante 71 años ininterrumpidos) el que organiza las comicios y es la primera vez que puede ganar el PRD (izquierda)».

El delegado del Ejecutivo de Vitoria comenta que como representante vasco es «neutral». «Tengo buenas relaciones con los tres partidos», añade. Además, sostiene que la «democracia en México es muy seria. Hay que destacar que en este país sí hay gente pobre, pero existen unas elites establecidas y gente culturalmente muy formada, y son muchos. Por ejemplo, la Unam es una universidad que tiene 400.000 alumnos».

A su juicio, hay una «problemática de tipo político», pero no cree que derive en un conflicto social y espera que se imponga el sentido común. «Cabe esperar que se cumplan los pasos previstos para nombrar con toda seguridad al nuevo presidente. Éste es un país rico, potente, que económicamente va muy bien y el PAN ha prometido un Gobierno de concertación. En la calle, todo estaba tranquilo», agregó Ruiz.

El carisma de Obrador

El representante vasco abundó en cómo Andrés Manuel López Obrador se impuso como candidato del PRD por su carisma como alcalde. Recuerda que Cuauthémoc Cárdenas, fundador y aspirante presidencial de la formación política en tres ocasiones, «se indispuso con su designación y no ha participado activamente en la campaña». Señala que gente tanto de derecha como de izquierda reconoce la autoridad ideológica de Cárdenas: «Hace 8 ó 10 años lo consideraban comunista, ahora lo ven como progresista».

Josu Garritz es hijo de un pamplonica, militante del Partido Nacionalista Vasco que estuvo condenado a muerte durante la guerra civil, y una bilbaína que se conocieron en México. Nació hace 62 años en este país de 106 millones de habitantes. «Para mí, estas elecciones son inauditas. Si hace una década me lo hubieran dicho, no lo habría creído. Este paso que hemos dado hacia la democracia es muy alentador. Los mexicanos empezamos a tener confianza en las instituciones», dice.

Garritz fue empresario durante treinta años hasta que en la década de los 90 la crisis económica fue terrible y tuvo que cerrar la empresa. Después, fue delegado del Instituto Vasco-Mexicano y ahora desempeña el papel de asesor de la delegación del Gobierno vasco. A través del hilo telefónico se le nota contento, bromea sobre el conflicto de intereses de sus padres, él del PNV y ella trabajando durante veinticinco años en la Embajada española. Y añade: «Es broma, no había ningún problema, y sí, comíamos muy bien».

A su juicio, el que casi se haya dado un empate es un resultado sorprendente, «muy interesante». «En democracia, gane uno u otro, -todavía no había datos cerrados del IFE-, el que pierda tiene que bajar la cabeza y decir que el pueblo ha escogido», concluye.



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