Un día después de que se cree oficialmente la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en El Aaiun -si algún día sucede tal hito histórico-, la Policía que esa misma jornada regrese a la antigua colonia española estará forjada en Euskadi. Desde hace dos meses, diez policías de los campamentos de refugiados de Tinduf se están entrenando en la Academia de Arkaute en diversas materias policiales para poner en marcha la semilla de las futuras fuerzas de seguridad de un Sáhara independiente.
Hasta que ese día llegue, los agentes de los campamentos tienen otras tareas en las que están siendo entrenados por los ertzainas. Son expertos en moverse por el desierto que atienden a una comunidad de 167.000 personas repartidas en un inmenso pedregal de Argelia arrasado por las tormentas de arena, viviendo en tiendas de campaña y sin apenas agua ni alimentos. «No hay delincuencia porque, sencillamente, no hay nada que robar. Sólo de vez en cuando desaparece una placa solar», afirma Chej Brahim Rehim, uno de los mandos de los campamentos que estos días se encuentra en la Academia de Arkaute. El cuerpo en el que trabaja está formado por voluntarios -nadie recibe dinero por su trabajo- y lo componen 640 personas, de las que 150 son mujeres.
Su período de formación ha coincidido con el de la 19 promoción de la Ertzaintza. Con ellos han estudiado seguridad vial, nociones de policía científica, identificaciones y seguridad ciudadana. Su objetivo es crear una fuerza de seguridad «basada en los principios del Estado de Derecho» y que sirva para que, en un futuro, asuma «todas las competencias de un país, como puede ser la escolta a nuestros futuros mandatarios y la lucha contra el terrorismo».
Los agentes cuentan ya con una uniformidad similar a la que tendría cualquier cuerpo policial, facilitada por la propia Ertzaintza. Se cubren con gorras negras en las que destaca la bandera de la RASD. A ambos lados, las palabras «Policía Nacional» escritas en árabe y en castellano. Las mismas palabras que aparecen grabadas con pintura reflectante en la espalda de sus chalecos negros, en los que exhiben también el escudo de la RASD sobre el corazón. La unidad fue creada de la nada el 17 de febrero de 1982. Aunque durante la ocupación española del Sáhara hubo habitantes de la zona dedicados a labores policiales, tras el abandono de la colonia, todos ellos se incorporaron al Ejército.
Vehículos policiales
Algunos de los vehículos que utilizan en los campamentos son también de la Policía autónoma. A raíz del acuerdo firmado en febrero de 2005 por el consejero de Interior, Javier Balza, con el presidente de la República Saharaui, Mohamed Abdelazziz, la Ertzaintza donó al pueblo saharaui vehículos policiales que han dejado de ser operativos para el cuerpo, así como mantas, ropa y calzado. En este mismo convenio de colaboración se decidió también formar en Arkaute a la policía de los campamentos.
Los saharauis consideran vitales algunos aspectos de su preparación profesional, como la seguridad vial. «En los campamentos sólo circulan coches antiguos, muchos de ellos sin luces y hasta sin frenos. Y nuestros niños pasan todo el día fuera de las tiendas, en la calle. Así que es vital tener cuidado para evitar atropellos», argumenta Chej Brahim Rehim.
Durante el tiempo de estudios que han compartido con los aspirantes a ertzaina, los agentes saharauis han llegado a una conclusión sobre la que no admiten discrepancias: «La ciudad es mil veces más peligrosa que el desierto». Y lo dicen agentes que están acostumbrados, según sus palabras, a tener que realizar patrullas diurnas y nocturnas, o traslados urgentes de heridos a lo largo de inexistentes caminos sembrados de piedras afiladas como cuchillos. Se explica Chej Brahim Rehim: «En las calles de una ciudad puede haber delincuentes violentos. En los campamentos no conocemos nada de eso».
No obstante, en los campamentos ya han detectado pequeños movimientos de droga procedentes de las mafias que utilizan esa zona como vía paso entre Argelia y Marruecos.
Cinco millones de minas
Otra de las misiones en las que colabora ahora activamente la Policía Nacional Saharaui es la ayuda a los inmigrantes sin papeles, que, según sus datos, Marruecos abandona en el desierto cuando son interceptados en alguna de las fronteras del reino alauita. Chej Brahim Rehim sostiene que en los campamentos ya han rescatado a 119 personas que las autoridades habían dejado a su suerte con una lata de sardinas y un litro de agua por todo alimento.
Pero también han encontrado a personas que las mafias dedicadas al tráfico de subsaharianos abandonan en cualquier arenal. «Es horrible, porque en el muro de separación que creó Marruecos todavía hay cinco millones de minas antipersonas sin desactivar. Y además, los dejan en sitios donde la presencia militar marroquí o saharaui es mínima; saben que será muy difícil encontrarlos», denuncia Chej.
Estas personas se han quedado en los campamentos, a la espera de una decisión de la ONU, que mantiene a la Minurso en la zona. Los saharauis, acostumbrados a una generosidad sin límites, no entienden la situación de estos hombres. Como la de, según recuerda Chej, un pakistaní abandonado por las mafias en medio del desierto que pasó un año con ellos hasta que lo repatriaron a su país. «Nosotros compartimos muy gustosamente nuestra harina, que es toda la comida que tenemos. Pero, ¿que sería para un país europeo acoger a cien personas?», se preguntan.
A la espera de que alguien responda a su cuestión, los futuros policías seguirán patrullando el desierto y encontrando a gente perdida en medio de la nada. Y lo harán con los vehículos de la Ertzaintza.