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| BIOGRAFÍA |
Rodrigo de Borgia nació en 1431 en Xátiva. Comenzó sus estudios en Valencia, pero pronto acudió a Roma, donde su tío Calixto III era Papa.
Estudió Derecho en Bolonia y desde muy joven ocupó cargos relevantes, hasta llegar a cardenal.
A la muerte de Inocencio VIII, y tras una operación de juegos de influencias y promesas de prebendas, fue elegido Papa (1492). En ese momento tenía 10 hijos, fruto de su relación con tres mujeres.
Uno de sus hijos, César, siguió al pie de la letra los consejos de Maquiavelo, en un intento de unificar Italia. Su hija Lucrecia fue una mujer muy poderosa y se convirtió pronto en personaje literario.
Fue un gran mecenas de las artes, posibilitó el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal y mandó a la hoguera al monje Savonarola.
Murió, quizá envenenado, el 18 de agosto de 1503. |
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El primero se llamó Alonso o Alfonso de Borja (Borgia en italiano), nacido en una noble familia de Xàtiva, fue obispo de Valencia y coronado con el nombre de Calixto III; el segundo, Rodrigo de Borja, nació en la misma localidad, fue también obispo de la ciudad del Turia y adoptó el nombre de Alejandro VI. Este último fue el más polémico y el que más ha dado que hablar.
Rodrigo era ambicioso e inteligente, de esto no hay la menor duda. A los 17 años, su tío, por entonces cardenal, lo llamó a Italia y a partir de entonces nada pudo detener su fulgurante carrera dentro del estamento eclesiástico. Tras acabar sus estudios de Derecho en la Universidad de Bolonia, fue nombrado notario apostólico y vicecanciller del Estado pontificio, dos cargos muy importantes para un joven de 24 años de edad que no perdió el tiempo y consolidó su posición durante los tres en que su tío fue Papa. A la muerte de Calixto III, era un cardenal sólidamente asentado en los círculos vaticanos del poder, que era lo mismo que decir en la sociedad romana. No hay que olvidar que el Vaticano era el Estado más influyente de su época en Europa, y que en torno al papado se movían infinidad de intereses familiares, políticos, económicos y culturales. Supo mantener su posición con los siguientes cuatro papas -Pío II, Paulo II, Sixto IV e Inocencio VIII- hasta ser nombrado él mismo Sumo Pontífice de la Iglesia católica el 11 de agosto de 1492, después de negociar los votos de los cardenales a cambio de prebendas y privilegios.
Clérigo de carrera
Rodrigo Borja no fue un clérigo de vocación, sino de carrera, así que no tuvo ningún prejuicio a la hora de llevar un tren de vida acorde con su posición de príncipe de la Iglesia, en el sentido más mundano de la palabra, amoríos incluidos. A pesar de la vida licenciosa de los cardenales en Roma, nuestro personaje superó a todos con creces y antes de ser nombrado Papa ya había engendrado diez hijos. Rigió los destinos de la Iglesia, persiguió a los bandidos que infestaban las tierras vaticanas, fue el artífice del famoso Tratado de Tordesillas por el que España y Portugal se repartían el Nuevo Mundo como si fuera una tarta, concedió el título de 'católicos' a Isabel y Fernando en agradecimiento por el nombramiento de su hijo Juan como duque de Gandía, se enfrentó al rey de Francia, Carlos VIII, y al imperio otomano que amenazaba las fronteras europeas, envió al dominico Savonarola a la hoguera y uno de sus mayores logros fue la creación de un Tribunal Supremo para controlar los abusos judiciales. Fue asimismo un generoso mecenas de las artes y de las ciencias que encargó a Miguel Ángel la reconstrucción de la basílica de San Pedro.
Murió el 18 de agosto de 1503, once años y una semana después de su entronización. Unas fuentes hablan de malaria, otras de un veneno dispuesto para un cardenal hostil que él y su hijo César tomaron por equivocación. El hijo sobrevivió, pero él falleció tras varios días de terrible agonía. Hacía mucho calor en Roma y su obeso cuerpo se hinchó y se pudrió en cuestión de horas, de forma que nadie quería entrar en la habitación y los enterradores tuvieron que romperle algunos huesos para poder introducirlo en el ataúd. Antes incluso de ser enterrado y siguiendo el dicho 'a rey muerto, rey puesto', sus colaboradores más cercanos acudieron a rendir pleitesía al papable con más posibilidades: el cardenal Juliano de la Rovere, futuro Julio II, su mayor enemigo.
Alejandro VI fue un político de su tiempo, ni mejor ni peor que muchos otros, pero sus excesos en la mesa y en el lecho, su nepotismo ampliamente contrastado, su participación en todo tipo de intrigas y la oportuna eliminación de sus enemigos dio lugar a que se forjara la leyenda negra que ha llegado hasta nosotros, revisada y aumentada por los autores románticos del siglo XIX. Fue un hombre renacentista, poderoso y despótico que olvidó las palabras de Jesús: «Mi reino no es de este mundo». El suyo sí fue de este mundo, ¿y de qué manera!